La falta de credibilidad del TSE

Confiar en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), dándole el beneficio de la duda, es como dar crédito a las ejecutorias de Rafael Curruchiche en su afán de encarcelar a los críticos como forma de castigo para agradar a los integrantes del pacto de corruptos según sus malévolos planes de venganza. Nada más inocente que ello porque la mala fe está a la vista.

Es el caso, por ejemplo, del rechazo arbitrario para no inscribir las candidaturas de Thelma Cabrera y Jordán Rodas, del Movimiento de Liberación de los Pueblos (MLP).  Dicha perversidad contrasta con la benevolencia que asiente la participación de varios actores reconocidos y confesos del mundo del tráfico de drogas y negocios oscuros en el país.

El sesgo no debería sorprendernos porque desde antes, en el mes de agosto, el TSE decidió amonestar a la misma Thelma Cabrera por supuesta campaña anticipada.  Así, mientras varios políticos inauguraban obras y pintaban los postes de los municipios, esa institución se hizo de la vista gorda para descalificar desde la salida a la líder indígena.

El TSE que es, según se puede ver, tapadera del actual gobierno y de las mafias (que virtualmente son lo mismo), también ha sido complaciente con Zury Ríos contraviniendo las leyes que le han impedido su participación en las elecciones en innumerables ocasiones.  Lo que deja entrever que la idea es la continuidad del gobierno de las mafias que trabajan presurosos para garantizar su impunidad.

A lo anterior hay que sumarle la sospecha de unas elecciones amañadas en virtud de un equipo de cómputo nunca suficientemente justificado.  Como se recordará, ya en el mes de septiembre del año recién pasado, trece organizaciones sociales denunciaron una serie de supuestas anomalías en el proceso de adjudicación y adquisición de equipo informático que el TSE buscaba utilizar en las elecciones del 2023.

Incluso Raquel Zelaya, presidenta de Asíes, se mostró suspicaz de esa falta de transparencia.  En esa ocasión dijo que el Tribunal debía ser “más abierto en materia de información”.  Lo que no sucedió porque para entonces tanto los magistrados Rafael Rojas, Gabriel Aguilera y Blanca Alfaro no contestaron los requerimientos de la prensa independiente.

El gasto de Q45 mil por la composición, musicalización y arreglos de un himno para el TSE (para “exaltar” su carácter), expresa también la baja catadura de ese organismo de Estado. Todo lo cual no augura buenas noticias en materia electoral a causa de la deficiente moral de sus responsables.

Son esos frutos maltrechos los que hacen dudar de unas elecciones limpias.  Y cuando más cerca estamos de ese acontecimiento, más claro se les ve el plumero a unos magistrados politizados y con poca vergüenza.  Tal parece que serán los artífices, los infelices garantes de un país que se hunde más a causa del consorcio entre políticos, empresarios y traficantes de drogas.

Las marcas de una guerra inútil

A casi un año del conflicto entre Rusia y Ucrania la situación, aunque contenida, persiste sin que haya signos de común acuerdo.  Es verdad que las guerras han sido la constante en la historia de la humanidad, sin embargo enfrentamientos como este son cada vez más peligrosos por el avance de la tecnología y el consiguiente desarrollo de las armas.

Y sí, el escenario más dañino lo constituyen las muertes humanas, la de los inocentes y la de los protagonistas en los campos de guerra.  Por ello, el llamado al diálogo que pacifique a los contendientes es un imperativo en el que los políticos con más influencia deben saber promover.  Se trataría de encontrar vías que establezcan condiciones para el cese del fuego y evitar así la violencia que amenaza por extenderse a otros países.

Porque es obvio que Europa y el mundo entero se hallan al borde de una conflagración que comprometería irremediablemente la vida de todos.  Esta posibilidad es real como también la suerte contraria que haga privar la razón como mecanismo civilizado de concertación.  Continuar con la guerra es claramente inútil por la ausencia de vencedores.

Otro ingrediente en el que hay que insistir es el de la crisis económica que amenaza la estabilidad de los pueblos.  El conflicto compromete la seguridad alimentaria y más allá de esto la oportunidad de proyectos futuros.  De ese modo, el daño derivado de las bombas toca a la vez el sueño de una humanidad que aspira a la felicidad basada en la generación de recursos que la realicen.

Ello demuestra que no podemos ser observadores pasivos en un drama juzgado erróneamente lejano.  Primero, desde una empatía que nos haga sensibles a la tragedia.  Luego, afirmando una actitud crítica que condene la violencia como discurso normalizador en la solución de problemas.  Finalmente, asumiendo la denuncia para que nuestros políticos operen desde sus propios puestos.

Efectivamente, los actores de gobierno deben ser prudentes en el manejo de la política pública.  Anticiparse a los escenarios económicos indeseados con actos de protección a las finanzas familiares.  Les corresponde favorecer a los más vulnerables a través de garantías mínimas para evitar el subdesarrollo (más aún) frente al contexto actual.

Queda claro que mientras más se posterguen los acuerdos de paz, la integridad de los pueblos es solo una ilusión.  Ya deberíamos haberlo aprendido, sin embargo nos traicionan los instintos, las fuerzas destructoras que no hemos aprendido a gobernar y que conspiran contra nosotros mismos.  Quizá sea ahora el momento decisivo para emprender un nuevo proyecto humano.

Reiniciar

Mucho se habla del giro de la izquierda de algunos países latinoamericanos que, hastiados del discurso ortodoxo del capitalismo liberal, buscan opciones que den respiro a la situación de pobreza extrema.  Los más fundamentalistas se lamentan por el nuevo rumbo, criticando, o bien la falta de memoria de los pueblos, o bien la ignorancia con que reinciden en los errores políticos de siempre.

Los analistas olvidan, sin embargo, que el orden constituido deriva del estado de injusticia impuesto por sus políticas de beneficio propio.  Sin entender, son ellos los cabezotas, que su forma de organización no vela por el bien de la sociedad a la que tienen que servir, sino (todo lo contrario) a la satisfacción de sus intereses en desmedro de las mayorías.

Así, el triunfo de Chávez en Venezuela, de Petro en Colombia y Boric de Chile son inexplicables sin los antecedentes nefastos de los gobiernos pasados que traicionaron los ideales republicanos de esas naciones.  Los fundamentalistas no lo entienden porque su cartilla y las ventajas obtenidas por ese ancien régime les impide situarse desde una perspectiva diferente.

Lo mismo le sucede a la izquierda al perder el poder: son ellos los responsables de su debacle.  La derrota expresa la insatisfacción de políticos torpes, a veces improvisados y mal asesorados.  Asumen el poder quizá con buena voluntad, pero sin dotes para la agencia de cambios.  Se fían de un discurso cansino que ya como gobernantes resulta inútil.

El caso más reciente quedó evidenciado con la deposición del expresidente Pedro Castillo en Perú.  Si bien la oposición hizo de las suyas para privarlo de toda maniobra, sus ejecutorias manifestaban a un gobernante limitado, poco habilidoso y demasiado ingenuo.  De ese modo, aislado y sin ningún asidero producto de un trabajo de articulación de poderes, su salida era previsible. 

Con todo, la izquierda tiene posibilidades.  En primer lugar por la inefectividad del neoliberalismo.  Sus políticos, que suelen provenir del sector empresarial, les aqueja varias dolencias.  Una de ellas es la falta de empatía y arraigo con la población.  Su figura es distante por la condición privilegiada de sus orígenes y porque, para ser francos, no les interesa los pobres.  Más allá de esto, la inflexibilidad del discurso hace que su práctica sea más de lo mismo: desigualdad, injusticia y pobreza.

El giro de la izquierda latinoamericana, en consecuencia, es una oportunidad para explorar posibilidades.  Intentar el cambio desde filosofías arraigadas en una narrativa al servicio de los excluidos.  Hacer surgir un nuevo modelo económico y social con rostro humano, superando la lógica consumista impuesta por el mercado.  De esto se trata, no de evolucionar, sino de reiniciar.

Desertificación intelectual y cambio climático

Hay una preocupación mayoritaria por el tema ambiental que justifican los estudiosos con los hechos.  La perspectiva, aunque negada por algunos, como mínimo hace pensar en el drama producido por las lluvias y el calor extremo en varias partes del mundo.  Sin embargo, hay otro ámbito de ecocidio que no tomamos en cuenta que es tan destructivo como el del ambiente.  Me refiero al colapso de las ideas.

Hablo de esa bruma cotidiana que se nos presenta y no nos deja ver.  La propensión cultural que privilegia lo soso y la chabacanería.  Ese elemento omnipresente con capacidad de ramplonería que nos vuelve superficiales: en los juicios y en las expresiones generalizadas de nuestra conducta. 

Porque aunque la inclinación quizá sea congénita (no creo que los ciudadanos del siglo XXI seamos originales en ello), es evidente que el desarrollo de la tecnología ha facilitado la basura que llena las redes diariamente.  Pero no solo es el mundo digital, sino casi todo lo circundante: la música, la literatura, el cine y un largo etcétera.   

Esos desechos ubicuos son los responsables de nuestras ligerezas de juicio.  Ya no es que solo nos cueste pensar, sino también conversar.  Carecemos de una estructura mental cuya base nos permita asumir posiciones medianamente racionales.  Como si los impulsos fuera lo nuestro y las emociones el argumento que valide nuestra conducta.

Vaciada la mente, no queda sino la agresividad.  Los más decentes callan.  Así el diálogo se vuelve inútil en un esfuerzo condenado a la esterilidad.  Eso nos vuelve tribales y nos regresa a la barbarie.  Nos expone a ese fundamentalismo tan de moda en el que no caben los otros, de lo que se trataría es estar conmigo o contra mí.  Ese discurso practicado por los políticos que produce guerras.

El triunfo de la discordia ha sido reforzado por la cultura individualista que fundamenta el capitalismo liberal.  Descerebrados solo queda el consumo.  La idea de éxito basado en la apariencia, el imperativo por mostrarme diferente con la posesión de bienes materiales.  El narcisismo explotado por la mercadotecnia que inventa proyectos de felicidad sensuales.

Sí, el mundo debe ver la expresión de mi astucia (no la de mi inteligencia afirmada como inútil, metafísica y abstracta).  Lo que da sentido a la vida es su disfrute, el ánimo sensual de atragantamiento.  La necesidad de satisfacer la piel en un bucle infinito condenado a la repetición.  Eso queda lejos de la espiritualidad y el horizonte trascendente de antaño.

El efecto de ese universo yermo es la desertificación intelectual, la pasión que es pura pulsión.  De lo que se trata, en consecuencia, ya no es solo de evitar vuelos cortos o de incrementar los fondos que favorezca la descarbonización, sino también producir posibilidades de educación.  Las oportunidades de crear una cultura cimentada en el desarrollo de las ideas.  Un proyecto humano que critique el estado miserable del hombre contemporáneo.

Benedicto XVI. In memoriam

El mundo católico no ha tenido un gozoso fin de año.  Las razones abundan, desde la situación de guerra en distintas partes del mundo (en especial en Ucrania), hasta el hambre, la migración y el destierro extendido en muchas áreas geográficas.  Sin embargo, lo que más ha golpeado recientemente ha sido la partida del Papa Benedicto XVI. 

No es que su muerte nos haya sorprendido, porque las noticias y su avanzada edad ya nos tenía sobre avisados, pero como suele suceder en este tipo de hechos nunca estamos suficientemente listos.  De modo que el acontecimiento, al tiempo que nos ha conmovido nos ha llenado de tristeza.  El Pontífice siempre es punto de referencia en materia religiosa y maestro en temas de espiritualidad.

Está claro que hay todo tipo de Obispos, los muy queridos y los poco simpáticos, pero nada de ello hace que su transcurrir nos sea indiferentes.  Benedicto XVI en este caso tuvo sus seguidores y críticos en todos los niveles: doctrinal y humano principalmente.  Para muchos fue el eterno “rottweiler de Dios”, para otros el hombre de fe al servicio de una iglesia que amó hasta el último suspiro.

Por lo que a mí respecta, me quedo con el sabio profesor universitario esmerado en la búsqueda del esclarecimiento de la fe.  Especialmente con ese hombre de pensamiento abierto llamado como asesor al Concilio Vaticano II, siempre enamorado de la filosofía.  De ahí sus contactos habituales con Jürgen Habermas, Paolo Flores d’Arcais y Piergiorgio Odifreddi, entre tantos otros pensadores.

En cuanto a sus desacuerdos con la teología de la liberación, expresados en su Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, publicada en 1984, más allá del yerro de su lectura, aprecio la honestidad de sus posiciones.  No dudo que bajo el ropaje de “cardenal Panzer” se encontrara un hombre lleno de caridad cristiana. 

Sí, esa bondad a veces no parecía demasiada diáfana, sin embargo me inclino a pensar que el rompimiento por ejemplo con Hans Küng no comprometió nunca el afecto de colegas en la Universidad de Tubinga en años de juventud.  Más bien la separación era doctrinal como lo afirmó en Últimas conversaciones a Peter Seewald al referirse a que para este y otros estudiosos “la teología ya no era la interpretación de la fe de la Iglesia católica, sino que se establecía como podía y debía ser. Y para un teólogo católico, como era yo, esto no era compatible con la teología”.

Será Dios quien juzgue sus equívocos y errores, como hará con nosotros llegado el momento.  Aunque claro, revisar su pontificado se justifica para enmendar, corregir y reorientar el proyecto eclesial.  Hay que estudiar el impacto de su gestión, sus aciertos doctrinales como sus posibles desviaciones o retardos.  La crítica, establecida con honestidad, es un servicio inobjetable para bien de la propia iglesia.  

El testimonio más importante, sin embargo, del Papa emérito, ha sido su fidelidad religiosa, el amor a la Iglesia y el servicio profético expresado en el estudio de la teología.  Tomar nota de ello manifiesta la posibilidad de realización de unos valores en franca quiebra en la cultura de nuestros tiempos.

Feliz año nuevo 2023

Si algo caracterizan estas fechas decembrinas son los sentimientos que se acumulan por efecto natural del ambiente.  Casi nada puede evitarlo.  Lo sé por experiencia cuando por años he evitado involucrarme en ese ecosistema lacrimógeno que suele llenarlo todo: la música, el cine, la publicidad, los supermercados.

Resignado por inútil a escaparme de ello, haré un mini recuento de lo acontecido y que ha embargado mis emociones a la altura de una edad en la que uno se quiebra a veces con tan solo respirar.  Primero me referiré a la pérdida de “La Nena”, la perrita salchicha que acompañó a todos en casa durante 12 años.  Juro que aún me afecta recordarla y no asimilo la ausencia de las carantoñas con que me expresaba su amor.

Recibí la noticia de su muerte en San José, Costa Rica, durante un periplo que aproveché para saludar a mis amigos históricos, Rodolfo Carballo, Alex Quesada y Freddy Solís.  Aunque lucimos diferentes, con las imperfecciones (y virtudes) propias del tiempo, permanece el cariño todavía sólido fundado en la época de adolescentes. 

Quedó pendiente el encuentro con Adolfo Herrera que vive refundido en una provincia perdida de Costa Rica, pero nos comunicamos haciendo promesas de visitas mutuas.  Veremos si al finquero le queda tiempo o más bien si nos es posible ese don, según las circunstancias no siempre favorables que nos ofrece la vida.

En otro tema, ha sido un ciclo duro en materia de enfermedades y accidentes.  Ha sido inevitable.  A la pandemia que nos acosa se añade la edad que cumple infalible sus estragos.  Sin embargo, esa misma vulnerabilidad nos ha enseñado a estar cerca de quienes amamos para acompañarlos en la fragilidad.  Decir que todo ha sido fatal, quizá sea ingratitud en un país en el que abunda la carencia de oportunidades.

Ha sido un período también lleno de tensiones personales, estrés, ansiedad e incertidumbres.  Esto se ha manifestado, entre otras cosas, en la falta de constancia en el cumplimiento de proyectos.  Así queda mucho en el tintero, lecturas, películas, viajes y afectos.  Sí, el amor suele ser a menudo materia pendiente.

Si algo me afectó al recibir la noticia de la muerte de mi mascota fue precisamente la conciencia de que quizá no le di el cariño suficiente cuando me compartía su alegría.  Es mezquino guardarse.  Eso me ha enseñado a mantener la voluntad en los afectos, no como obligación, sino como sentido de apertura generosa que evita la privación. 

Es valioso amar. También ser amado, pero esa no es nuestra responsabilidad (bueno, un poco). Esto encumbra aquello atribuido al místico español que afirmaba que “en el atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor”. Y, como ve, yo estoy en esa edad vespertina. Le deseo un feliz año y mis deseos de bienestar para usted y su familia. Hasta pronto.

El servicio valiente de la prensa

La transformación por la que atraviesa elPeriódico, forzada por el acoso de la administración Giammattei, no es una capitulación en su lucha por las libertades públicas.  El coraje permanecerá porque se encuentra en el ADN de la prensa independiente que sabe reinventarse cuando la arbitrariedad se impone como recurso socorrido de los bárbaros.

De hecho no es la primera vez que ese medio ha estado entre las cuerdas.  En el pasado tuvo que imponerse también contra la narrativa autoritaria de los gobernantes en el poder que, aupados por la empresarialidad camaleónica, sirvió de alfombra en defensa de sus intereses gremiales.  Situación a la que nos tiene acostumbrados que deriva en la desconfianza de sus posiciones.

Ser independientes no es tarea fácil.  Ya no solo en lo personal, sino también (o sobre todo) en materia de medios.  Las tentaciones de poder y sus seducciones, pero principalmente la amenaza de los poderosos representan una batalla cotidiana imposibles de superar sino desde el compromiso con la sociedad y la fidelidad a los valores en que se prioriza la verdad.  Una ética que adereza humanidad y lucha constante en servicio a la población.

Porque aunque a veces el periodismo luzca insensible, su accionar está fundamentado en la defensa de la persona humana.  Y si es un periodismo ético, los medios operan desde la voluntad por la libertad, la verdad, la tolerancia y el diálogo.  La arena supera el discurso violento o altisonante para constituirse en espacio inclusivo para dar voz a los excluidos.

Evidentemente hay un aspecto disruptivo y quizá a veces provocador.  Es el momento mayéutico en donde a través de las pesquisas se denuncia la injusticia.  La exposición que revela la satrapía, el autoritarismo, la corrupción y la mentira.  Contra esa maldad, la prensa independiente es inclaudicable, por vocación, naturaleza y afección moral.

Estas ejecutorias de la prensa no las entiende el político raso, el cafetalero de las fincas ni el capo de aduanas.  Son incomprensibles un tanto por ausencia de luces, deficiencias en sensibilidad humana (falta de empatía), pero sobre todo por el carácter inmoral que gobierna su conducta.  Son actores retorcidos con los que la prensa no puede menos que denunciarlos por el daño social con que afectan a todos.

El resultado de semejante audacia no queda impune.  Los poderosos, que también suelen ser rosas de piel, golpean desde el arbitrio que les concede su posición.  Algunos con violencia física (hasta el asesinato); otros, a través de la persecución judicial para ofrecerles una muerte dulce desde el calabozo.  Esto último es el caso de Jose Rubén Zamora, entre tantos otros periodistas del país.

Así, la transformación de elPeriódico tiene que ver con esa lucha ejemplar ejercida durante años.   Por ello, es el momento de reconocer el servicio de esa empresa y la lucha valiente de sus periodistas.  Pedir, como no puede ser de otra manera, la liberación inmediata de Jose Rubén Zamora, encarcelado injustamente por la corruptela que nos gobierna.  Mantengamos la rebeldía contra quienes amenazan nuestra libertad.

La continuidad que urge la corrupción

Que el gobierno que dirige el presidente Alejandro Giammattei es corrupto no hay ninguna duda.  Los hechos están a la vista y son reportados cotidianamente por los medios de información dignos que aún quedan en el país.  Son tan evidentes los asaltos que la habilidad de topos para el ejercicio periodístico es innecesaria, pues los cuatreros carecen de formas y su estilo es el desparpajo.

Ese descuido se anida tanto en la formación deficiente de sus protagonistas como en la certeza de impunidad.  Han estructurado tan perfectamente el sistema que saben que los escenarios futuros solo pueden ser de suerte.  Imaginarios adversos, tribunales, juicios y cárcel, son de momento imposibles.

Por esa razón es que acomodan el presupuesto del Estado según sus caprichos.  Los responsables no hacen sino repartir los rubros para pago de favores y proyectos viciados.  Sin olvidar que el nuevo ingrediente para este año es la preparación para los comicios.  Garantizar la continuidad es fundamental para consolidar las ganancias fáciles y el lucro familiar.

Esa meta continuista pasa por lo ideológico.  Repetir, por ejemplo, que Guatemala se encuentra en las antípodas de Venezuela, El Salvador y Nicaragua.  Que lo nuestro es la libertad, la democracia y la autodeterminación.  Insistir que lo de la corrupción es solo un discurso y que la falta de pruebas constituye la prueba reina de lo impoluto de los acusados por la prensa.

Mientras eso sucede, se persigue a los jueces, se criminaliza a los medios y se denigra a la oposición a través de centros de llamadas o call centers.  La idea es imponer un discurso que permita con esa narrativa la permanencia de la delincuencia en todos los niveles.  Y de paso castigar asomos de resistencia, mostrar ejemplarmente la intolerancia del sistema en su afán inmovilista.

Los criminales se aprovechan de nuestra incapacidad para el diálogo.  De esa división mantenida entre las fuerzas conservadoras y progresistas (o los que asoman cierta disidencia discursiva).  Es ese el propósito del gobierno corrupto de insistir en las ideas provida para atizar el avispero y provocar la división.  Manipular mostrándose ovejas del redil cristiano y proponiéndose como los apologetas de la ortodoxia y las buenas costumbres.

Reiteremos lo inicial: no olvidemos que son corruptos.  Y sí, lo es el Ejecutivo, pero también las Cortes y el Congreso de la República.  En general están constituidos en mafias que operan a la vez (por insólito que sea) apoyados por la intelectualidad orgánica que vive de esa estructura injusta.  La complicidad bien vale la pena recordarla porque el mantenimiento requiere concursos que justifiquen esa maquinaria que los guatemaltecos por ahora sufrimos.

Filgua 2022

Mañana dará inicio la XIX Feria Internacional del Libro de Guatemala, una iniciativa de interés para el país por la promoción de la lectura y la oportunidad de avecinarse a los textos.  Nunca será suficiente el ánimo por la cultura obtenida a través de la experiencia literaria, el acercamiento a los dedicados a la construcción del conocimiento.

Escribir, entre tantos méritos, ayuda a estructurar el mundo, es un acto demiúrgico en el que el intelectual intenta dar sentido a las cosas.  Su ejercicio es de provecho no solo para el artífice, sino también para los que interpretan las claves del creador.  De aquí que la actividad literaria incluya al lector en su esfuerzo crítico-hermenéutico.

La lectura enriquece porque permite contrastar el reducido mundo anidado en nuestras convicciones por medio de la experiencia diaria.  Reducirse a ello nos incapacita para la comprensión de horizontes, nos empobrece y nos vuelve presa de los poderosos.  Leer habilita, nos transforma, favoreciendo mejores resultados en todas las esferas en que nos desarrollamos.

Por ello, la ignorancia no es ningún negocio para la sociedad.  Ya no es solo el problema de la pobreza que genera, sino la cultura extendida de la ramplonería, la vulgaridad y la chabacanería.  No hablo de estética, sino de la inteligencia social que favorece un nivel superior para enfrentarse a la vida. 

Esto se expresa, más allá de las conversaciones, en los gustos, los juicios y el discernimiento.  Aprender a pensar es uno de sus resultados.  Entender que la vida es mucho más compleja de lo que atestiguan nuestros sentidos.  Nos habilita para problematizar lo que damos por descontado, dado que quizá no hayan hechos, sino ligeras interpretaciones.

La lectura a veces es violenta.  Irrumpe y rasga. Destruye.  Es iconoclasta, rompe ídolos.  Esa transgresión nos expone al ridículo, pero es una vergüenza que, superada, al tiempo que nos hace guerreros, produce la paz.  El ejercicio crítico nos sitúa y nos regala nuestra propia fisonomía, revela quiénes somos y el camino alterno que debemos retomar.

Sí, pensar tiene su encanto.  Más allá de lo lúdico, sin embargo, el diálogo con los autores genera conductas.  Lo ético es inevitable, esto es, la asunción de modos de vida, costumbres distintas, revisión de hábitos.  Un libro supera la impunidad, incide e invade, no siempre con sutileza.

Quedan todos invitados a la Feria del libro (Filgua, 2022).  Para quienes quieran compartir, estaré el viernes 2 de diciembre a partir de las 18:00 horas en la Sala Humberto Ak’abal.  Se darán cita también los amigos, Gustavo Sánchez y Gustavo Bracamonte.  Hablaremos de literatura.  No falte.

Los efectos indeseados de Qatar 2022

El Mundial de fútbol se acerca y la distracción se potenciará según la capacidad del espectáculo para sustraernos de las ocupaciones habituales.  Durante varias semanas los tópicos serán los mismos, provocando una especie de letargo colectivo que disminuirá un poco las penas globales.

Es lo que hay y basta.  Resistirnos a la corriente arguyendo el carácter alienante de la actividad comercial es absurdo.  Lo que no significa que no debamos ejercer la crítica dados los vicios a granel de su aparato, desde la escogencia de Qatar como lugar del evento, hasta las patrañas varias de los organizadores y delincuentes en todos sus niveles. 

El fútbol, más allá de ser una industria que mueve millones de dólares, es un deporte que se aprovecha de las emociones de los espectadores para obtener utilidades desmesuradas, repartidas entre los que participan en su estructura.  No es muy diferente del ecosistema político porque está plagado de malandrines de baja estofa constituidos en capos de la organización.

Son mafias, zares.  La mayor parte ni siquiera ama las competencias sino sus utilidades.  Son empresarios vulgares que utilizan las banderas para mover la voluntad de los aficionados.  Y han logrado urdir un sistema tal donde incluso los medios juegan un papel primordial en la difusión el timo glocal.

Hay excepciones.  Este año, por ejemplo, los cantantes Rod Stewart y Dua Lipa han rechazado ser parte de la función inaugural en ese país fastuoso.  El intérprete de 77 años dijo que no participaría por su inconformidad en temas de derechos humanos comprometidos en Qatar.  “Me ofrecieron más de un millón de dólares hace 15 meses. Lo rechacé. No me parecía correcto ir”, declaró.

Por su parte Ibai Llanos, popular streamer español, criticó el blanquemiento de muchas empresas que aprovecharán las circunstancias del Mundial.  “Me surgió la oportunidad de ir en el avión de la selección española de fútbol a Qatar y bueno, iba a grabar contenido […] pero no me sale de los cojones y no lo voy a hacer. Vamos, tomé la decisión ya hace semanas, no es que la haya tomado hoy, pero no lo voy a hacer.  ¿Sabéis la cantidad de patrocinadores, de pasta, de blanqueamiento hacia Qatar que hay puesto en el Mundial?”, denunciaba con acritud.

Vienen días felices para los políticos.  Ellos, aunque no formen parte del engranaje, configuran los efectos secundarios del circo planetario acoplado perfectamente a sus intereses. Así, mientras usted y yo estemos idiotizados por los regates de Messi y Ronaldo, el Tribunal Supremo Electoral, por ejemplo, continuará con la inversión del software que amañará las próximas elecciones a favor del Pacto de Corruptos.

No le quiero amargar la fiesta, pero téngalo en cuenta para que, como mínimo, sea una víctima ilustrada.

A %d blogueros les gusta esto: