26 de noviembre 2021. Suplemento Cultural

Una brújula para encontrar el camino

Brújula En Mano

Más grave que estar desorientados quizá sea la inconciencia de estarlo.  Es lo que nos sucede a escala nacional desde la perspectiva de gobierno.  Vamos, como dijo el poeta, sin rumbo cierto, a la deriva y quizá como sufriendo déficit de atención.  Tan torcidos, que no hay ni uno solo entre los asesores o protagonistas de la gestión del país que corrija la dirección.

Diametralmente opuestos a lo que sucede por ejemplo en Europa que al menos se lo plantea.  Así sucede con la propuesta reciente de Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea, que ha aguijoneado recientemente a esos países con tres preguntas: ¿A qué retos y amenazas nos enfrentamos? ¿Cómo podemos agrupar mejor nuestros activos y gestionarlos eficazmente? ¿Y cuál es la mejor manera de proyectar la influencia de Europa como actor regional y global?

El funcionario propone una agenda que asuma la dirección con objetivos claros y un plan concreto de acciones.  De fondo permanece la idea del protagonismo europeo so pena de exponerse a los caprichos de las potencias adversas.  Un reto de envergadura que conlleva el acuerdo conjunto de 27 países con problemáticas distintas y gobiernos no siempre a la altura de los consensos.

El diagnóstico es certero, según lo establece el texto:

Nuestro análisis global de las amenazas muestra claramente que Europa está en peligro. La Unión Europea se arriesga a lo que he llamado un ‘encogimiento estratégico’. Esto se percibe desde tres puntos de vista. En primer lugar, nuestro alcance económico está cada vez más circunscrito. Hace 30 años, la Unión Europea representaba una cuarta parte de la riqueza mundial; dentro de 20 años, representará poco más del 10%. Nuestra contracción demográfica se desarrolla de forma similar: a finales de este siglo, Europa representará menos del 5% de la población mundial”.

En cuanto a nuestra propia realidad estamos fritos.  En primer lugar porque quienes nos gobiernan solo tienen proyectos para el saqueo del erario nacional.  La mayor parte de los funcionarios pertenecen a bandas de delincuentes enfocadas en la expropiación a mansalva de la riqueza del país.  Todo ello hace que la población considere desacreditados a casi todos los involucrados en la cosa pública.

En segundo lugar, consecuencia de lo anterior, la población no participa en el simulacro democrático que ofrece el sistema político.  Como en Chile, donde la abstención reciente llegó al 53%, los guatemaltecos están desencantados del juego cínico que significan las elecciones.  Esto hace imposible considerar un plan de nación en el que la ciudadanía se sienta comprometida.

Sin embargo, necesitamos una brújula que nos marque pautas por la senda del desarrollo.  Guatemala y Centroamérica en general urgen gobernantes que trasciendan el populismo y la improvisación como hasta ahora.  Para ello, conviene el establecimiento de una agenda que trace un programa que nos incluya a todos y que genere confianza.  Ojalá que peregrinamente se le ocurra a alguno de los cercanos a Giammattei y ponga las bases para una política fundamental para el país.

Aficiones mistéricas

Fotos de stock gratuitas de ahorros, al aire libre, amor de cristal

Siempre me han intrigado las personas que recurren a los adivinos para la solución de sus problemas, más aún cuando muchos de ellos son fieles practicantes de la fe católica que no experimentan contradicción en su conducta.  Es curioso por el atavismo que representa en una cultura que se jacta de lo racional y exige el rigor científico en otros ámbitos de la vida.

Personalmente he estado cerca de muchos devotos.  Recuerdo que mi primera experiencia fue en mi adolescencia.  Mi tía me contó que fui yo quien la intervine en una operación inexplicable que le devolvió la salud.  La bruja le dijo que gracias a mi participación, que la hermana de mi padre creía a pie juntillas, su misteriosa enfermedad fue curada.  Hasta hoy no tengo mayores noticias del hecho ni jamás fue motivo de conversación futura.

Lo que sí puedo atestiguar es mi mano milagrosa en virtud de la nonagenaria vida que hasta hoy disfruta mi tía.  La brujería casi es un legado familiar.  Mi hermana, por ejemplo, es parroquiana frecuente de Diriomo.  No necesita de profesionales consejeros ni profilácticos que le devuelvan la salud porque siempre hay un curandero oportuno dispuesto, a bajo precio, a orientarla y sanarla.

Yo mismo le he dicho que me lleve porque quiero conocer mi futuro para evitar errores y preparar mi suerte, sin embargo ha sido imposible.  Y ya es habitual cuando salgo del país practicar lo que parece contradictorio: visitar iglesias y buscar quien me lea las cartas.  No he podido o quizá querido en un itinerario que justifico, según el autoengaño, como experiencia de indagación antropológica.

En efecto, los adivinadores se oponen al despectivo calificativo de “brujos”.  Así lo dijo Andrea Peña Aguirre en un artículo que publicó “El Nuevo Diario” de Nicaragua: “No soy bruja, ni nada por el estilo, soy curandera y guía espiritual”.  Advierte, como se puede ver, que el uso de velas, imágenes de santos (la mayoría del Divino Niño) y ambiente esotérico, no debe confundir.

Incluso se trata, al parecer o según lo desean mostrar, de prácticas benevolentes para ayudar al prójimo.  De ahí las largas colas de pacientes, los que sufren dolencias, los que penan por un amor perdido y desean recuperar, los que buscan conocer la identidad de un delincuente u otros casos de interés.  El menú es extenso y variado, hay toda clase de posibilidades.

El artículo mencionado, por ejemplo, refiere un extraño caso de embarazo sanado.  El testimonio lo dice así: 

“Mis suegros me llevaron donde ese curandero, y me dijo que estaba embarazada y que tenía un aire colocado y por eso la criatura no desarrollaba.  Me pusieron en tratamiento, me sacaron un entierro y ya quedé buena”.

No sé usted, pero yo tengo una atracción irrefrenable por ese mundo mágico.  Después de todo, igual invertí buenos años de mi vida en el estudio de esa ciencia oculta, llena de milagros y relatos fantásticos, fundados en la biblia.  Ese libro en el que las serpientes hablan, llueve fuego, hay diluvios y resucitan los muertos. Es un universo semejante, ¿no?

19 de noviembre 2021. Suplemento Cultural

Pendencieros

Guantes De Boxeo Negros Y Rojos

Hay espíritus nacidos para litigar, algo así como si el ánimo de guerra fuera parte de lo más íntimo y no existiera otra función vital que la lucha.  Me los he encontrado y nunca me han sido indiferentes, son una suerte de pieza curiosa (sin que esto los degrade) para la que no queda sino el asombro y la posterior indagación antropológica.

Más aún si uno comparte cierta visión franciscana aderezado con un carácter sosegado.  Lo que no es virtud cuando es extremo.  Nada importante se puede realizar con una voluntad floja, impertérrita o desde la práctica de ese estoicismo grecorromano que invitaba a la ataraxia.  Me temo que con esa versión filosófica es poco lo que podemos hacer.

Para el guerrero casi todo es casus belli, una mirada, una omisión, el tono de la voz, un gesto.  Es como si el cerebro reptiliano se activara con aspectos nimios por deporte o porque el púgil ansía recurrentemente adversarios.  Así, la palestra es su lugar favorito, el espacio ubicuo en el que va desplegando su furia inagotable (¿cómo es posible tanta energía?), venciendo y humillando a sus enemigos imaginarios.

¿No sientes que deberías escoger tus batallas?, a veces les he preguntado, pero no me responden.  Solo me miran con aire de piedad y quizá con desconcierto al no entender el contenido de la interrogante.  Es una indagación tonta porque los gladiadores están hechos de otra materia.  Lo suyo es el combate cuerpo a cuerpo en el que solo existe un vencedor.  Una lucha que con alguna formación suele ser incruenta, pero siempre violenta.

En ese estado bélico los que practicamos cierto irenismo con frecuencia nos sentimos incómodos.  Sobre todo cuando nos invitan a formar parte de la conflagración (casi nunca son guerras de baja intensidad).  Y, claro, terminan frustrados al contemplar nuestra anemia que interpretan como cobardía, cuando no, flojera residual del espíritu cristiano.  Debilidad que miran con desprecio.

No les importa.  Se tiran al ruedo solos y sortean como si no hubiera otra opción.  Son increíbles.  En una ocasión le pregunté a uno de los pendencieros la razón por la que le gustaba mi compañía, siendo tan opuestos de temperamento.  Me dijo que le atraían mis rarezas y la paz que sentía a mi lado.  Menos mal, me dije, persuadido de que esto último era quizá más un deseo lejano aparecido como un anhelo inalcanzable.

El proyecto personal

Ciudad, Hombre, Persona, Solo, Ventana

El descubrimiento de lo que uno quiere ser en la vida es diferente en cada persona.  Mientras algunos refieren su dificultad siempre azarosa y dubitativa, otros hablan de un proceso gradual en la que la familia o la universidad les ayudó a encontrarse con menos sufrimiento.  Son pocos, me parece, los de conocimiento infuso y sobrenatural cuyo proyecto estuvo marcado por una especie de destino.

La normalidad es la regla, esto es, el itinerario progresivo por hallar el propio camino.  No es fácil.  Pienso por ejemplo en la toma de conciencia y posterior decisión extrema de un santo Tomás de Aquino que tuvo que fugarse de la Abadía de Monte Casino para convertirse en religioso de la orden de Santo Domingo.  Los biógrafos dicen que estuvo encerrado en ese lugar desde los cinco años (de 1230 a 1239), antes de saltarse los muros con ayuda de buenos amigos.

Ni qué decir de Lutero que contra la decisión de su padre que lo imaginaba funcionario público, exitoso profesional del derecho, decidió abruptamente entrar en el monasterio agustino de Erfurt el 17 de julio de 1505.  Los historiadores indican que la decisión fue motivada por temores y escrúpulos de conciencia, pero es más probable que el reformador estuviera animado por razones más allá de esas ficciones literarias.

En lo que a mí respecta, carente de un padre dictador, no tuve demasiado infortunio.  Solo dos cosas quise ser, beisbolista y cura.  Lo primero, hasta los 10 años; lo segundo, hasta los 26.  Y ya ve (es fácil atestiguarlo) que nada de eso me ocurrió.  Hice el itinerario correspondiente, pero la sinuosidad de la vida, la naturaleza y hasta lo que ficcionalmente algunos llaman soplo del espíritu, hizo que las aguas siguieran su cauce arbitrario.

Así es, “el hombre pone y Dios dispone”.  Pero no hay que resignarse a que sea la Providencia quien cumpla su dictado.  En esto hay que ser ateo y determinarse por la voluntad propia.  Pensar en qué se es bueno, qué necesita la sociedad y las posibilidades de ingreso (jamás olvidar lo pecuniario).  Los jóvenes tienen que decidirse con miras no solo en el lucro, sino según las posibilidades de vida feliz.

No es fácil (perdón por repetirlo).  Algunos quizá quisieran un llamado conforme patrones bíblicos, tipo Moisés o Jonás, pero eso no es realista (lo doy por descartado).  Encontrar el camino personal exige reflexión y cierta dosis de sabiduría.  A veces es oportuno incluso el consejo de los viejos: maestros, padres y consejeros.  Es tan seria la decisión que no es prudente dejarlo al azar.

Por lo demás, tampoco debemos hacer drama.  Si lo decidido no funciona, aún se puede cambiar.  También a los 26 años se puede emprender una nueva vida y hasta ser feliz.  Eso sí, no hay que esperar tanto tiempo.  Conviene hacer cálculos y caminar con valor.  Ya Dios, la suerte, el destino o el Logos … llámele como quiera, irá dictaminando lo suyo.  Afuera los miedos, proceda según su instinto.

13 de noviembre 2021. Suplemento Cultural

29 de octubre 2021. Suplemento Cultural

Mafias inspiradas

Otra desobediencia: Congreso se niega a elegir Cortes - La Hora

Giammattei y sus secuaces quisieran el silencio de los ciudadanos, el conformismo irresponsable que les permita continuar con la impunidad.  No están solos, lo acuerpan el sector empresarial y varias de las principales instancias del Estado, comprometidos, cerrando filas, para participar del expolio a gran escala.  Son guatemaltecos que dicen amar a su país, disfrazados de hermanas de la caridad. 

Los delincuentes, no son otra cosa, confiados en que manejan el cotarro, acosan cada vez más a los disidentes, a la prensa, a sus críticos y a los que se atrevan a cuestionarlos.  Se imponen con los mecanismos a su alcance, para propagar el terror y generar el miedo.  Intuyen que la población prefiere la rutina que les asegure la vida, al rechazo envalentonado contra los poderosos.

Para su suerte, la clase media dormita apoltronada, satisfecha con los mínimos que aportan a casa.  Sin miras, ambiciones ni proyectos que no sean seguir las series de Netflix y compartir memes en los grupos de WhatsApp.  La formación académica, seguramente muy técnica y mediada por la cultura del consumo, no les alcanzó sino para el trabajo de un tipo de obrero descalificado para el pensamiento crítico.

Escasos de testosterona, sin ideas, anémicos y con espíritu derrotado, les es fácil hasta a los políticos más torombolos salirse con la suya, piense por ejemplo en María Consuelo Porras y Allan Rodríguez.  No necesitan ser genios porque figuran en tierras baldías, con nula oposición militante.  Por ello les revientan los gritos de protesta y la denuncia de los valientes, los que son verticales.

Es el odio que les trajo Juan Francisco Sandoval y que detestan de José Rubén Zamora y la prensa vigilante.  En el universo de los delincuentes, y vaya que se cuentan muchos entre los políticos, la lógica es la extractiva, la ventaja y el saqueo a mansalva.  Otra narrativa solo cabe si les favorece la expropiación indebida.  Como cuando disimulando discursos se asocian con lelos (como el muy insigne ex Nuncio Apostólico, Nicolás Thévenin, de infeliz memoria).

Las mafias están inspiradas.  Van con todo.  Inician con elPeriódico, José Rubén Zamora, la prensa independiente, los políticos de oposición y lo que se les ponga enfrente.  Sin líderes, atomizados y pazguatos, parece que estamos destinados a rompernos la madre.  Al menos es el horizonte que se atisba y evitamos conocer.  No hay salida, aunque insistan los optimistas con su baratija discursiva.

Las patrañas de Zuckerberg

Iphone Plateado

Las noticias que nos llegan sobre el poder que tiene Mark Zuckerberg de manipular la conducta de los que acceden a sus aplicaciones son de escándalo.  Sabíamos algo, nos lo venían advirtiendo muchos extrabajadores de su empresa y otros tantos críticos, pero desconocíamos la dimensión del agravio.  La maldad del infame es colosal.

No nos refiramos solo al hecho que remite a la conciencia de la patraña, según lo revelado recientemente por Frances Haugen, la exempleada que ha puesto en apuros al dueño de la compañía con pruebas fehacientes presentadas a la prensa.  Consideremos la totalidad.  Comenzando por sus planes monopolísticos, las aplicaciones pensadas para los niños (un Instagram para los menores), la extracción y venta de datos, hasta llegar a la inmoralidad que gobierna su vida.

Haugen ha mencionado que al mayor accionista de Facebook no le perturban las consideraciones éticas.  Así, por ejemplo, las noticias de que Instagram con sus algoritmos afectaban la conducta de los adolescentes, conforme investigación de la propia compañía, fueron ignoradas totalmente.  Un relajado Zuckerberg tiene por brújula el actuar libertino que le permite ganancias sin límites.

El programador es una amenaza no solo para los adolescentes y usuarios en general, sino para las democracias del mundo.  El caso de Cambridge Analytica es solo una muestra de la conciencia sin escrúpulos del cerebro de la compañía.   Como se recordará, Facebook colaboró con un proyecto en el que estuvo involucrado Steve Bannon para incidir en diversas campañas políticas en Estados Unidos, incluida la de Trump y la campaña del Brexit en Reino Unido.

Y eso es solo lo que sabemos.  Las revelaciones de Haugen y otros testimonios expresados, por ejemplo, en el libro “Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial”, de Sheera Frenkel y Cecilia Kang, nos descubren hechos que permiten apreciar mejor la impunidad con que funciona la empresa saqueadora de datos y manipuladora de conciencias.

Las multas impuestas a la compañía son sanciones económicas necesarias para la aplicación de justicia.  Lo que es urgente contemporáneamente es afinar la legislación que la regule, pero sobre todo impedir el monopolio de ese monstruo que amenaza con dominarnos.  Ese debería ser el destino también de los demás gigantes tecnológicos, Amazon, Apple y Google.  Hay que apresurar el paso.

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