Consuelo de los corruptos

Yo supongo que ningún guatemalteco en su sano juicio tiene un buen concepto de la Fiscal General, Consuelo Porras.  Su inoperancia en la lucha contra la impunidad y su agilidad en ponerse a la orden del pacto de corruptos la sitúan como una burócrata nociva a los intereses del país.  La última decisión de terminar con la FECI, sin embargo, la ha dibujado de cuerpo entero, no solo la retrata como servil sino como la típica política empeñada en preservar su puesto.

Y, claro, eso produce desconsuelo.  El intento de reelegirse (porque seguramente lo habrá negociado con el ladronzuelo mayor), ya no solo haciendo inoperante al Ministerio Público (por más que se llene la boca por la creación de fiscalías), sino actuando para proteger a los corruptos que son abundantes en las estructuras del Estado, ha puesto en evidencia que su paso por la institución ha sido nefasto.

Ya se veía venir, no debería causarnos sorpresa.  No actuó de manera diferente cuando dirigía el país el pasado innombrable, Jimmy Morales.  De hecho, desde ese período empezó con su silencio, la estrategia del disimulo y la política del “laissez faire et laissez passer”.  Por ello, el funcionamiento del Ministerio Público es de bostezo cuando se trata de la persecución penal contra el exceso latrocinio desde todos los flancos de las instituciones.

Porque nunca como hoy tiene sentido el titular de una nota de prensa del diario español, El País: “Guatemala, un país que naufraga en un mar de corrupción”.  La delincuencia de los políticos llega lejos, todos la ven, los guatemaltecos la sentimos… todos, menos la complaciente Consuelo que ahora amenaza con patrañas defensivas al estilo de los pícaros.

No es otra cosa esa de señalar al exfiscal de la FECI, Juan Francisco Sandoval, por haber cometido “irrespeto que como mujer, funcionaria y profesional del Derecho ha sido víctima desde el inicio de su gestión…”.  ¿No le recuerda esa treta a la de Sandra Torres cuando se sintió “víctima de femicidio” y denunció a un grupo de seis editores de “elPeriódico”?  El vicio, la maledicencia y la perversidad es evidente.

La declaración del exfiscal que aclara la impostura es más que oportuna:

Me llamó la atención que en una de las reuniones previas, ella hizo mucha alusión a la ley contra el femicidio y hoy, en el comunicado, habla algo de ‘vejámenes’ pero no sé si se refería a que yo le había provocado vejámenes. Tengo buena memoria y no recuerdo en ningún momento haber provocado algún vejamen a ella”.

Es patético el momento que atravesamos, una circunstancia que condiciona al país al ponerla a merced de las mafias.  La desilusión, sin embargo, debe transformarse en actos de protesta que hagan temblar (y cambiar) a sus protagonistas.  Hoy más que nunca es necesario ponernos en guardia y defender nuestros derechos.  Aplazarlo es permitir la delincuencia y darle la razón a la impresentable fiscal general.

Operar y extirpar

Cultivar la crítica tiene su mérito, lo es porque supone la conciencia de que hay que estar en guardia frente al universo acechador de los timadores.  No por amor propio, por ego, (no dejaré que se aprovechen de mí), aunque también, sino por cierto restablecimiento de la justicia, por carácter, por razones morales.  Ya es mucho tener los ojos abiertos.

Pero no basta con la vigilia.  Reconocer al infame es solo una parte (sí, meritoria, pero no suficiente).  Hace falta operar para resituar el orden cósmico. Vaya, digámoslo más modestamente, para hacer de la crítica social un elemento que incida en la realidad.  Lo demás quizá sea una gloria personal en razón de la comprensión de los mecanismos de la maldad.  Nada más.

Lo que nos hace falta en Guatemala es precisamente esto último: la milicia que castigue a los delincuentes esparcidos en el Estado.  Y no solo allí, sino en los bancos, en las empresas privadas (las telefónicas es un buen ejemplo), en las iglesias y hasta a veces, por increíble que sea, en las universidades.  Que la perversión se democratizó y nuestro alelamiento parece ya ser legendario.

Ojo que eso de la milicia dista de lo bélico (armas, violencia y lucha armada).  Escribo del obrar, la voluntad que nos mueva a cambios efectivos sobre la realidad enfermiza. Sin que caigamos en lo de siempre, el trabajo aislado de francotiradores -tiratiros- o la treta convencional de hacer estudios, ya sabe, diagnósticos sesudos para “trabajar con inteligencia”.

Nos joden los autoengaños.  Creernos sal del mundo por la audacia de un post o eso de “volvamos viral la noticia”.  Nos echamos a perder con esa ficción de sentirnos héroes por acciones aisladas, asumiendo que la suma de ellos hará la revolución y la transformación radical de la sociedad (muy al estilo de “GuateÁmala”).  Pagamos el individualismo y la incapacidad de urdir juntos.

Digámoslo claro, mientras no establezcamos lazos mínimos de trabajo, casi cualquier acto resultará estéril.  Bien vale la lucha ideológica, combatir desde las trincheras conceptuales, generar paradigmas, idear posibilidades, proponer caminos alternos.  Hay que hacerlo.  Pero además (y quizá sobre todo) accionar, enfangarse, salir a las calles, lastimar inteligentemente al enemigo -que eso son los políticos que saquean Guatemala-.  Es urgente extirparlos, impedirles campos de acción y expulsarlos del lugar que los enriquece ilícitamente.

Nada vale ponerlos en evidencia (Ok, cuenta), pero no es lo sustantivo.  Ellos no son como usted, no sienten vergüenza, todo lo contrario, los excita salir en los medios, que se hable de ellos, sentirse protagonistas de su maldad.  Lo que les da dolor es quitarles los espacios, ponerles grilletes, llevarlos a tribunales, encerrarlos en las cárceles, humillarlos impidiéndoles volver a la política.  Eso debe hacerse.  Pero aún más, hay que asegurarnos no sustituirlos por otros ladrones.  La tarea es gigantesca.

Vigilados

Activistas, periodistas y más: Filtran lista de 15 mil teléfonos mexicanos  espiados con Pegasus

Parece ser que la vigilancia masiva de los Estados será el plato fuerte esta semana.  Ya lo es si nos atenemos a los extensos reportes de los principales diarios del mundo: Le Monde, New York Times, El País y el Corriere della Sera, entre tantos otros.  Todos hablan del famoso “Proyecto Pegaso” con el que algunos gobernantes del mundo han vigilado a sus presuntos enemigos políticos.

Sin duda vivimos en la era de la información pero también en la de la vigilancia.  El reconocido “Big Brother” salió de la literatura y, encarnado, dejó de ser parte de la ficción.  Empezamos a padecerlo en carne propia y no nos gusta, nos incomoda.  Aunque todavía somos muy tímidos en denunciarlo, no calibramos su alcance.

Es claro que la guerra sigue su curso, un comportamiento bélico, eso sí, sutil, diplomático, de baja intensidad.  El campo de batalla se trasladó al mundo digital, siendo las armas, los algoritmos, los famosos “malware” o programas maliciosos con los que intencionadamente se obtiene información de quienes se desea.

De ese modo, casi nadie logra escaparse del robo de datos.  El caso de la India es paradigmático, pero no muy diferente al de otros países en los que periodistas, defensores de los derechos humanos, diplomáticos extranjeros, militares, políticos y Organismos no Gubernamentales han sido blanco de la actividad criminal.  Y, como podía presumirse, se ha establecido que tras la patraña, desde el 2017, se encuentra su primer ministro, Narendra Modi.

Lo que llama la atención es la hipocresía de muchos de los líderes políticos que critican la vigilancia en otros Estados, pero la permiten campantemente en sus propios países.  Más todavía, al romperse las vestiduras frente al ataque cibernético en su territorio, olvidando que también la practican alegremente contra sus vecinos.  ¿Recuerda el caso danés?

No hace mucho, en el primer trimestre del año, a través de una investigación, la televisión pública danesa “DR” y otros informativos europeos confirmaron que la canciller alemana Angela Merkel y sus aliados más cercanos en Europa habrían sido espiados desde 2012 a 2014 por Washington a través de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), con ayuda de Dinamarca.

Rindámonos a los hechos: la vigilancia llegó para quedarse.  Hace poco fue a través de la NSA, luego por la empresa Cindiru, más recientemente por el “malware” comercializado por la sociedad israelí NSO, que según New York Times, es “the world’s most infamous hacker-for-hire outfit”.

Todos negarán el protagonismo y responsabilidad de la patraña, usted ponga su barba en remojo.  En este lado del globo recuerde que nuestros políticos son mucho más desvergonzados y actúan en la más pura y dura impunidad.  Tome las medidas que corresponda y tenga cautela.  Los ojos de los que tienen el control no tienen escrúpulos.  Así va el mundo.

El cántico esperado de Alejos

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La filtración de que Gustavo Alejos ha optado por colaborar con la FECI es quizá una buena noticia en el marco de la lucha por la justicia, pero más aún por la voluntad de ratificar las patrañas de los grupos que han delinquido a la sombra del Estado.  No creo que haya sorpresas, pero sin duda su gráfica ayudará a diseñar mejor lo que ya todos conocemos.

Porque, seamos honestos, en materia de saqueo del Estado ya casi no hay espacio para el escándalo.  Los medios de comunicación, la prensa particularmente ha develado hasta la saciedad los nombres de los corruptos y sus artimañas, los vicios y las triquiñuelas con las que se han enriquecido.  Así, lo de Alejos solo confirmará lo que ya es de dominio público.

Pero no es poca cosa.  El sistema de justicia necesita pruebas para castigar según el estado de derecho y es aquí donde nuestro protagonista puede colaborar.  Su denuncia será provechosa para comprender los mecanismos de la estructura, sus protagonistas, la cuantía de lo malversado y la perversidad moral de sus operadores.

Aunque no debemos pensar que Alejos sea “il capo dei capi”.  Sí, quizá sea la cabeza visible de un grupo al que hay que castigar y excluir para siempre de la vida política, sin embargo el “non grato” para los Estados Unidos representa apenas uno de los grupos que delinquen en el país.  Hoy muchos sabemos que la corrupción se aloja también entre empresarios, sindicalistas, abogados y hasta en organismos como universidades, colegios profesionales e iglesias (por increíble que sea).

Con todo, el éxito del cántico nada espiritual de uno de los líderes del hampa llegará a buen puerto si los astros se alinean, condición que está por verse dada la tradición de impunidad en nuestro país.  Más todavía porque al parecer la suerte del proceso depende del Ministerio Público, esto es, de la súper dinámica fiscal general, Consuelo Porras, que deberá apoyar esa pesquisa y garantizar, según lo ha dicho la prensa, la declaración del exfuncionario de la UNE.

Ya ve que no debemos anticiparnos a los hechos ni cantar victoria.  Vivimos tiempos recios o, mejor aún, períodos en que les suena la flauta a los corruptos en un actuar desvergonzado.  Como nunca la confianza de los delincuentes está a tope, son optimistas porque al ver copadas las principales instituciones del Estado, en especial las que tendrían que cuidar sus recursos, se atreven sin contemplaciones a robar a mansalva.

No hay que perder las esperanzas.  Quizá obtengamos un milagro a causa de factores imprevistos.  Puede que con un golpe de suerte estemos a punto de identificar con nombres y apellidos a los que se han enriquecido ilícitamente, a los que quizá han asesinado o simplemente a los que han impedido una oportunidad a los desnutridos, los desempleados o los que se mueren ahora en la entrada de los hospitales públicos.

Una crisis que se profundiza

UNICEF hace un llamamiento de financiación de emergencia por valor de 6.400  millones de dólares para llegar a más de 190 millones de niños afectados  por las crisis humanitarias y la pandemia

Cada vez se hace sentir más la crisis generalizada de la pandemia.  Desde el inicio del drama, hace ya casi año y medio, pensé que la economía no resistiría mucho si se cerraba el país, pero pude ver la resiliencia y aunque muchos negocios se vinieron al suelo, algunos han podido recuperarse.  Sin embargo, cualquier apreciación optimista ahora contrasta con los datos.

Más aún, no es solo caso de números, la situación se experimenta a flor de piel.  Un caso ejemplar es el que corresponde a la inscripción en los colegios y universidades.  Las estadísticas indican, y yo mismo lo he visto donde trabajo, que la matriculación ha disminuido y aumentado el número de estudiantes que dejan a medio semestre los estudios.  Un hecho lamentable que, más allá de lo cuantitativo, lastima a alumnos de calidad que tienen que abandonar las aulas.

Es patético ver a buenos estudiantes que, al no poder pagar las cuotas, tienen que renunciar a su proyecto formativo para satisfacer quizá situaciones de mayor urgencia familiar.  Esto sin duda, además de la frustración personal que significa, afectará socialmente al país que postergará la preparación de sus profesionales y establecerá un nivel cultural-intelectual que impactará en la excelencia general.

Parecido discurso debe hacerse del desempleo, el subempleo y la precariedad laboral.  La falta de oportunidades se puede ver en las calles, en los relatos escuchados por todas partes y en los rostros de angustia de muchos padres de familia.  Ya no se trata solo de la tragedia personal de quien se queda en casa sin saber qué hacer, abandonado a su suerte, sino de la condena que se percibe afecta al núcleo familiar.  El gobierno no está a la altura de las circunstancias.

El Estado disfuncional carece de políticas públicas digna de un modelo que subsidie.  Peor aún, a la ineficiencia del gobierno debe agregárse la rémora del hampa que expolia los recursos de la nación.  Porque, ya lo sabemos, la mayoría de los políticos del país al no tener vocación de servicio ni sensibilidad humana, se enfocan únicamente en delinquir para enriquecerse a cualquier costo.

Era y sigue siendo imposible salir indemne de una crisis como la del Covid-19.  Infortunadamente tenemos que superar el gobierno del infame (sí, hablamos de Giammattei), la corruptela que nos gobierna y un “plusito” más, el sistema represivo y criminal dirigido, según revela la opinión pública y la prensa, desde el Ministerio de Gobernación.

Es obligado referirnos a la crisis, pero más aún, criticar el contexto que nos tiene postrados para buscar juntos vías de cambio.  Tenemos suficiente con los desahogos y terapias de quejas, hay que actuar para desenredar la soga que nos aprieta el cuello.  Luego de ello, hacer justicia, poner tras las rejas a los malandrines, mientras operamos las oportunidades para recuperar el rostro humano de los excluidos de la sociedad. Menuda tarea tenemos por delante.

El resultado de la corrupción

La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo.

José María Vargas Vila

Más allá del problema de la corrupción que nos invade se encuentra la crisis social que atravesamos como país.  Y sí, ya tenemos bastante con el expolio, el tráfico de drogas, la ingobernabilidad y la falta de servicios básicos, pero no es todo, hay que sumar la postración nacional que nos limita para la vida gozosa en circunstancias que nos impiden como sociedad sentirnos satisfechos.

Esto lastima tanto o más que la pobreza misma porque atañe a nuestra fibra fundamental.  Me refiero al desánimo de la comunidad que al no encontrar salida, abandonados a la desesperanza, se hunde (nos hundimos) en un estado espiritual que obstaculiza ser felices.  De ese modo, solo queda la falsificación, los subterfugios o coartadas por la vía del consumo, por ejemplo, para llenar los vacíos.

El efecto no es otro que la alienación.  La vida se nos escapa de las manos al no poder con todo.  Nuestro ámbito de acción queda tan reducido, que la poca autonomía es mal gobernada en búsqueda de salvavidas que nos permitan llenar los pulmones.  Quizá esa sea la idea de esperar las fiestas o inventarlas para buscar el equilibrio a través de sucedáneos que a la larga nos hacen mal.

Salimos peor con nuestra mala economía personal, nos endeudamos, dañamos la salud y hasta adoptamos conductas de riesgo.  El resultado no es halagüeño para nadie, menos aún para las jóvenes generaciones que absorben nuestras malas vibras y nos toman como modelo.  Con esto se propagan acciones que no nos ponen a la altura de una ética ejemplar.

Cuando se generalizan esos comportamientos, ya he dicho, a causa del contexto perverso, se produce una cultura enfermiza.  Esto es, casi todos sufriendo atrofias: depresión, alcoholismo, violencia, frustraciones, complejos, problemas de identidad y torpe manejo personal, entre otros males.  Con esto se cumple un círculo que nos pone muy lejos del ideal de desarrollo humano.

Quizá debamos sumar a las causas de las condiciones deplorables la crisis generalizada de las humanidades que nos expone a lo superficial. Ya no solo carecemos de foco, es que el objeto incluso ha desaparecido.  El tema que quizá antes era baladí ahora se ignora, hay un vacío conceptual pasmoso que nos pierde.  Eso hace que vayamos a tientas y seamos incapaces de sortear los baches, cayendo más frecuentemente en ellos, con los costos que conocemos.

En consecuencia, es necesario reconocer nuestro estado para procurar el cambio.  Advertir el daño de la podredumbre nacional, el alcance de su resultado en todas las esferas de nuestra vida y oponerse a lo que parece nuestro destino.  Hay que operar, debemos sentirnos dueños de lo nuestro y administrarnos con eficiencia.  Quizá convenga también leer más, abrirnos a la crítica y desaprender las viejas conductas.  Eso requerirá, qué duda cabe, mucho empeño.  Pero vale la pena intentarlo.

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