La poesía, ese lugar privilegiado de comprensión y justificación

Tú justificas mi existencia:

si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda

La imposibilidad de comunicarnos es un hecho palmario para algunos filósofos que abrazan el escepticismo en su versión radical.  Comprendernos es imposible.  Una de esas esferas la constituye la elección, por ejemplo, de una opción profesional.  Así, para los padres quedará en el misterio las decisiones de sus hijos, en este caso particular, la preferencia de una carrera sobre otra.

Eso no quiere decir que para los propios sujetos la decisión sea fácil.  Ojalá así lo fuera.  La realidad es que las oscilaciones son por lo general la regla en un universo de posibilidades casi infinitas.  Todo esto viene a cuento en un esfuerzo de introspección en el que aún hoy asimilo lo que he sido (a nivel profesional) en busca de dar nuevo sentido a mi trabajo.

Porque hay días de desazón, no se puede negar.  Momentos en los que quizá la frustración se apodera del ánimo y la depresión cobra fuerza.  Tiene que ver, supongo, no solo con las condiciones económicas, sino con lo que pueda significar la labor docente (que es lo mío para los que no me conocen).  Quiero decir, el sentimiento de la insignificancia en una sociedad que aprecia poco el magisterio.

No es el caso, por fortuna, del reconocimiento de los alumnos.  Ellos son más bien el motor y el estímulo que legitiman la vocación de enseñante.  Para ser justos, el trabajo con los jóvenes es un espacio privilegiado que permite el acceso espiritual en un momento de definiciones.  Ser parte de esa arquitectura es una dicha que pocos tienen.  Es todo un lujo.

Hay experiencias diferentes en este ámbito de formación de las conciencias.  Me gusta recordar, por ejemplo, los episodios iniciáticos en la estética literaria.  Como cuando al leer poesía los estudiantes descubren dimensiones desconocidas y asumen no solo el cuidado de las palabras, sino la conducta que los eleva por encima de la vulgaridad de lo ordinario.

Así, la poesía que revela el misterio y gesta lo noble, es también el suelo común que comunica y justifica.  Hace falta quizá esa vía amable y transparente, suave y segura, inocente y atrevida, para vincularnos con lazos respetuosos.  El lugar propicio donde la palabra deviene y tiene un carácter fecundo.

11 de septiembre 2021. Suplemento Cultural

Un país a la deriva

Brújula En Mano

La crisis que nos aqueja en nuestro país deriva de múltiples causas, pero una de ellas, quizá la principal, sea la falta de liderazgo de un presidente que nunca tuvo un plan de gobierno.  Y no ha sido el primero con esta característica, la mayor parte de políticos que han estado en esa posición han improvisado y han transitado a marchas forzadas, operando sin que conozcan con certeza el destino.

Ni siquiera podemos referirnos a una ineptitud en la materialización de proyectos, aunque sí lo son si examinamos lo rudimentarios en casi todos los ámbitos de gobierno, sino a una falta de visión para pilotear desde requerimientos mínimos de aceptación.  Así, lo que vemos en Guatemala cada cuatro años son gobernantes dirigidos por intereses de quienes sí tienen planes más o menos diseñados, como es el caso de los gremios (uno de ellos el CACIF).

Lo que sobra es maña para engañar a la población, labia, discursos huecos, pero efectivos en una ciudadanía todavía ingenua.  Supongo que esa es la idea de hacer conferencias de prensa con harta frecuencia, el manejo de promesas y el uso mendaz de la religión.  Muchos aún se dejan timar por la variedad jurásica de esperpentos que acuerpan al corrupto porque no quieren cambios que les afecte el bolsillo.

Por ello, muchos líderes de la sociedad civil son corresponsables del descalabro nacional.  Saben, porque no son imbéciles, que el país se hunde, conocen la pobreza por las estadísticas, son conscientes de que Guatemala va sin rumbo y que el presidente es un delincuente (de larga cola por cierto), pero lo consienten con tal de que no les afecte sus planes de negocios.

Así, aunque lo critiquen en lo privado y se indignen del chisme de su preferencia sexual (porque muchos están vinculados a una iglesia anquilosada en Trento), hacen un conveniente mutis que les permita mantener sus ventajas.  Hecho que agrava la ausencia de dirección del país porque vivimos en un mundo de continuo cambio.  Quiero decir, lo nuestro es solo la reacción de lo que ocurre afuera.

Esa es la razón por la que nunca estamos a tono, desafinamos como nación dando tumbos y errando por decisiones equivocadas.  No nos toman en serio porque no lo somos, más bien provocamos vergüenza, burla y en los buenos espíritus, piedad y lástima.  Hace tiempo dejamos de ser un país (si un día lo fuimos) con dignidad, referentes de diálogo, con opinión y liderazgo inteligente y propositivo.  Repito, lo que tenemos no son líderes, sino capos encargados del latrocinio desvergonzado con la connivencia de muchos irresponsables.

Hasta que no elijamos buenos gobernantes, seguiremos como hoy.  Yo no sé usted, pero deberíamos renunciar a la payasada electoral en la que se nos pide votar entre políticos conocidamente inmorales.  De hecho no deberíamos llegar a ello, pero si así fuera, como es la costumbre, dar la espalda al juego es lo más inteligente.  Digo, salir a votar nos pone al nivel de grupos como el CACIF y… qué vergüenza.

3 de septiembre 2021. Suplemento Cultural

Evocaciones

Pasión, Cristo, Jesús, Cristiandad, Iglesia, Fe

Ahora que estamos próximos a celebrar los así llamados quinientos años de conquista, es oportuno evocar a los espíritus colaboracionistas con cuyo trabajo se instauró un nuevo orden en tierras americanas.  Recordarlos, no por el buen sabor de boca que dejan, o por deseos de reconocimiento, sino para superar ese ánimo entregado de algunos ya identificados desde los orígenes del mundo.

Porque, si somos justos, no hemos inventado el ánimo putanesco que inclina hacia el dinero o el poder.  Con tiempo podríamos hacer una arqueología completa de la voluntad obscena de los traidores.  Se trata más bien de un pretexto para aguijonear a los complacientes, esos que nacieron para buscar sombra quizá por deficiencia hormonal o limitaciones propias del temperamento.

Nunca se sabe con certeza las causas de ese enanismo moral.  Solo restan las hipótesis.  Especular si, por ejemplo, cuando se niega la corrupción del gobierno por falta de evidencias, se debe más a la comodidad de los que se autoengañan afanados en sus racionalizaciones o quizá simplemente al contubernio descarado de los serviles. 

Sin que descartemos tampoco que la maledicencia provenga de un vicio capital: la pereza.  El estado de poltronería por el que se propende a una lasciva de entrega gratuita.  Aquí no habría comercio, sino entrega pasiva.  La disposición que comienza en la carne y se realiza en la capitulación de las ideas y el libre arbitrio. 

Como sea, los colaboracionistas son la sombra de la historia.  La resistencia plegada que impide lo nuevo.  La fricción aprovechada por los fuertes.  Cuántas páginas escritas desde la reacción, cuántas omisiones… La esterilidad de sus actos ha prolongado las injusticias y favorecido la corrupción.  No lo saben, pero son de carácter abortivo.

Quisiera aguijonearlos, pero no los alcanzo.  Se ocupan en privilegios ajenos que les dé identidad.  En esta situación me conformo con registrarlos y advertirles la fuerza del devenir.  Operar desde la esperanza que hace germinar las utopías.  Barruntar lo deseable a través de proyectos alternos urdidos por comunidades valientes.

27 de agosto 2021. Suplemento Cultural

20 de agosto 2021. Suplemento Cultural

En defensa de la lentitud

Lentitud e inutilidad para atrapar una vida que se escapa a la carrera

Hace algunos años visité un famoso museo de Europa con el ánimo de contemplar las más deslumbrantes obras creadas por artistas reconocidos por la crítica mundial.  La experiencia no fue la mejor debido, eso llegué a creer, al poco tiempo con que contaba para la actividad y a una especie de ansiedad que comía mis entrañas.

El resultado fue desastroso porque no me permitió eso que llaman el “deleite estético”.  El gozo producido por la contemplación reposada que abre las puertas a la trascendencia mediada por el arte.  No pude por ese legado genético (quizá ese sea mi caso) o por la conducta asumida culturalmente que nos lleva a correr vorazmente como niños impelidos por comer dulces prohibidos.

Quizá mi comportamiento no sea único.  He visto el drama, por ejemplo, de quienes se dan atracones en horas infinitas con las series de televisión.  No basta un capítulo o dos, ni tampoco una sola temporada, es preciso terminarlas todas de una vez.  Si fueran cristianas pensaría que viven en clave escatológica su tiempo (ya sabe usted, la conciencia de que Cristo puede venir inminentemente y, pues, hay que apresurarse), pero puesto que conozco el paganismo de las víctimas, lo atribuyo más a la desmesura y el desbalance de sus vidas.

Es evidente que el sosiego lo desconocemos hasta conceptualmente.  La industria premia el consumo, así queremos abarcarlo todo, disfrutarlo todo, hartarnos y tirar lo que sobra.  Los adolescentes (aunque no son los únicos) son ejemplares en eso, se manifiesta cuando se les ve jugando, viendo televisión, comiendo y participando alegremente en una red social.  Se ufanan en tenerlo todo bajo control aunque después las pruebas lo desmientan.

Es necesario volver al amor primero o recuperar el valor de la lentitud.  Sentir nuevamente la emoción de una conversación sin que sea interrumpida por una notificación.  Estudiar con profundidad en ausencia de música de fondo.  Leer libros disfrutando su contenido, evitando atajos y triquiñuelas para terminarlos rápido.  Poner de moda las cenas familiares prolongadas en las que el intercambio permita verse a los ojos para expresarse cariño.

Carl Honoré, el autor de In Praise of Slowness, explica con estas palabras lo dicho hasta aquí:

A pesar de lo que digan algunos críticos, el movimiento Slow no se propone hacer las cosas a paso de tortuga. Tampoco es un intento ludita de hacer que el planeta entero retroceda a alguna utopía preindustrial. Por el contrario, el movimiento está formado por personas como usted y yo, personas que quieren vivir mejor en un mundo moderno sometido a un ritmo rápido. Por ello, la filosofìa de la lentitud podría resumirse en una sola palabra: equilibrio. Actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo y ser lento cuando la lentitud es lo más conveniente. Tratar de vivir en lo que los músicos llaman el tempo giusto, la velocidad apropiada”.

Como queda claro se trata del balance como condición de vida plena.  La adquisición de una virtud sin brillo a causa del monotema contemporáneo del cálculo económico.  Superarlo a través de la crítica y la asunción de estilos de vida alternos es el reto que tenemos delante.  Por fortuna al menos podemos hablar de ello.  Ya es un paso importante para reorientar nuestras vidas.

La decadencia de los héroes

Mensaje del Presidente Daniel y la Compañera Rosario frente a la partida de  SER Cardenal Miguel Obando y Bravo | Un enfoque diferente - Nicaragua - a  different focus

En la década de los ochenta los nicaragüenses tuvieron un héroe en las filas de la Iglesia Católica, se llamaba Miguel Obando y Bravo.  Su porte no era majestuoso, más bien era exiguo, llano y poco sofisticado.  Primero fue Arzobispo de Managua, luego Cardenal, príncipe eclesiástico quizá emparentado con Atila, ya sabe, el bárbaro aquel, rey de los Hunos.

No lo digo con mala leche.  El purpurado fue amado casi por todos sin excepción, también por los tirios y troyanos que, seducidos por su valor frente a los sandinistas, se rindieron al colaborador de Juan Pablo II.  Su audacia no fue única, otros curas y varios obispos le acuerparon para impedir la aplicación de las díscolas políticas de los líderes de la revolución.

Algo pasó, sin embargo, en su vida.  De pronto se produjo una conversión inexplicable que lo ubicarían como monigote de Sandino y fantoche servil de la familia Ortega.  ¿Perversión moral (sexual)?  ¿Corrupción? ¿Cansancio físico (senectud)?  Muchos especulan su degradación, lo cierto es que el salesiano se volvió indigerible, motivo de caridad cristiana a fuerza de mucha virtud.

El diario español, El País, frente al misterio de los acontecimientos, en busca de explicaciones, cita lo siguiente:

Obando se vio obligado a coquetear con Ortega por la corrupción de Rivas, -Roberto Rivas, hijo de Josefa Rivas, la eterna asistente de Obando- especie de hijo adoptivo del Cardenal. Rivas tiene techo de vidrio. Hizo millones de dólares de forma ilícita. Puso al cardenal en posición incómoda, afirma Humberto Belli, ex ministro de Educación, miembro del Opus Dei y uno de los principales opositores del cardenal”.

La iglesia guatemalteca también ha tenido sus profetas, muchos, como en aquel país centroamericano.  Catequistas, ministros de la palabra, religiosas y curas ofrecieron su vida al denunciar las condiciones injustas del país.  Sin embargo, a veces los pastores no están a la altura de las circunstancias y se pliegan cómodamente desmintiendo el valor del Evangelio.

Así, la audacia del cristianismo se degrada por racionalizaciones extra evangélicas que apelan a la pseudo prudencia.  Más grave aún, cuando son los pastores (y cardenales) quienes operan desde la tibieza doctrinal que justifica el latrocinio por sus actitudes timoratas.  ¿Cómo llegaron hasta aquí algunos Obispos?  ¿Cansancio? ¿perversión ideológica? ¿Inmoralidad personal? ¿O de verdad creen que la corrupción es solo una ficción?

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