6 de agosto 2021. Suplemento Cultural

Suplemento Cultural. 6 de agosto 2021

Los vicios de una administración retorcida

Rafael Curruchiche y Consuelo Porras

Cuando la fiscal general, Consuelo Porras, decidió remover de su cargo a Carla Isidra Valenzuela Elías para promover a José Rafael Curruchiche como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (Feci), dio un paso más en su propósito de velar por los intereses oscuros y darle la espalda a la ciudadanía a quien se debe.

¿Cuánto hay de emotividad en su decisión dada la crítica recibida por todos los flancos?  Creería que mucha, pero pesa más aún la voluntad de cuadrar los planes trazados para encubrir a sus padrinos (la mayor parte delincuentes, piense por ejemplo en Jimmy Morales y su amigo Giammattei) desde una administración que nació torcida.

No hay que descartar que también prive el miedo al decantarse con visos de irracionalidad (no puede llamarse de otra manera su opción por Curruchiche), la pérdida de sueño al sentirse descubierta en su naturaleza perversa.  Porque han bastado dos semanas para que los guatemaltecos se hayan enterado de que lo suyo es el vicio, la voluntad de poder y el cuidado de sus propios intereses.

Algunos oficiosos, incautos y retorcidos, afirman la trama de grupúsculos oportunistas.  Otros insisten en el lelismo de las masas, inducidas por voluntades ajenas, ideologizadas.  Olvidan que lo que priva en las manifestaciones es la denuncia contra las mafias enquistadas en el gobierno con planes evidentes de saqueo.  Así, el relato ideológico es usado a conveniencia para continuar delinquiendo sin oposición.

Y mal hacen los que son timados y repiten el argumento falaz porque sin quererlo (quizá) se ponen del lado de los capos de gobierno.  La dimensión crítica no les alcanza, a veces no por limitaciones intelectuales, sino por oposición a los que protestan, razones de clase, sentimientos ciegos que los ubican en su imaginario como singulares frente a la masa que denuestan y desprecian.

Más allá de ello, el rechazo a la fiscal nunca ha sido tan unánime.  Basta citar nuevamente la decepción expresada por el enviado especial del Departamento de Estado, Ricardo Zúñiga, cuando dice desde los Estados Unidos: “Hemos perdido la confianza en la Fiscal General porque no es una aliada en la lucha contra la corrupción”.  La desaprobación, asimismo, fue corroborada por los Obispos desde su posición en el Comunicado de la Conferencia Episcopal.

La abrupta destitución del fiscal Juan Francisco Sandoval le ha hecho un daño irreparable al país. Se ralentizan los importantes casos que llevaba, es enorme la pérdida de credibilidad del Ministerio Público, crecerá la indignación ciudadana, aumentarán las protestas sociales y el nivel de conflictividad, se complicará más el ya deficiente manejo de la pandemia y el tortuoso proceso de vacunación”.

Es enorme la pérdida de credibilidad del Ministerio Público, lo afirman los obispos, la Unión Europea, los Estados Unidos, pero sobre todo los guatemaltecos.  Así, la designación de un fiscal investigado por mala gestión del caso FCN como jefe de la FECI, nos referimos a Rafael Curruchiche, no hace sino confirmar que la fiscal más allá de su extravío administrativo expresa la mala catadura moral de su naturaleza.

Luis Miguel Grijalva

Luis Grijalva en una carrera a campo traviesa en Stillwater, Oklahoma, en marzo
Luis Grijalva en una carrera a campo traviesa en Stillwater, Oklahoma, en marzo. Credit…Shane Bevel/NCAA Photos, vía Getty Images

Este año quizá sea recordado, entre tantas noticias nefastas de corrupción en Guatemala (no podemos dejar de citar a Giammattei y a su protectora -y amiga-, Consuelo Porras), como el del orgullo nacional en los deportes.  Sí, el período en el que algunos de los más destacados atletas han puesto el nombre de Guatemala en la cima de los países más competitivos del mundo. 

Me referiré a uno del que la prensa quizá no ha hablado demasiado: Luis Miguel Grijalva.  Este joven tiene una trayectoria particular porque el esfuerzo ha tenido su recompensa fuera de nuestras fronteras, en los Estados Unidos.  Como muchos, sus padres tuvieron que desarraigarse para buscar un mejor futuro en un país a veces poco hospitalario.  Pero lo logró.

¿Cómo?  Supongo que vio en sus cualidades personales la oportunidad para sobrevivir, pero sobre todo para destacar a lo grande sin rendirse por sus limitaciones como extranjero.  Así pudo matricularse en la Universidad del Norte de Arizona, campus Flagstaff, para profesionalizarse mientras practicaba lo suyo, la carrera.  No ha sido fácil, pero tampoco imposible.  Él mismo lo reconoce.

Las oportunidades que tuve al venir a Estados Unidos me aportaron mucho más de lo que podía pedir”. Obtener un título universitario y ser remunerado por correr son “cosas que probablemente jamás habría logrado si me hubiera quedado en Guatemala”.

Puede que a veces simplifiquemos el mundo a causa de nuestra imaginación y pensemos que el deportista nació con una estrella.  Pero es solo nuestro universo mágico, en realidad ha tenido que batallar.  La última ha sido superar la prohibición de salir del país por su condición de “dreamer” norteamericano, esto es, beneficiario del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o DACA (por sus siglas en inglés).

Superado el escollo, el joven que se siente orgulloso de representar a Guatemala y a los más de 600,000 “dreamers”, muy pronto nos dará noticias de sus resultados en los Olímpicos de Tokyo.  Mañana competirá en la carrera preliminar de 5,000 metros planos en los que veremos la bandera nacional y la oportunidad de ver al ya distinguido luchador con una presea.

Siento muchas emociones… entusiasmo y solo mucha felicidad”, dijo Grijalva en un artículo de prensa. “Me emociona correr en los juegos y representar a Guatemala, pero también salir del país y saber que puedo regresar sin problemas”.

Luis Miguel Grijalva es una gran noticia.  Nos abre a la esperanza y nos da ilusión.  Pero sobre todo, quizá contra el pesimismo arraigado, nos hace creer aún en la buena levadura de nuestra comunidad.  Una fe ordinariamente perdida a causa de los malandrines dispersos en las oficinas públicas, en el sistema financiero (en los bancos), en el CACIF y en muchas de las instituciones y gremios que conspiran contra el país.

Necesidad de un proyecto contra la corrupción

Creo en el poder de la sociedad civil y el imperativo moral que nos obliga a salir a las calles y protestar contra la infamia de la fiscal general, Consuelo Porras.  Dejar la comodidad del hogar para hacer visible nuestra inconformidad no es un acto estético para decorar portadas de periódicos, sino para hacernos sentir con la intención de procurar los cambios que el pueblo necesita en circunstancias de latrocinio generalizado en los tres poderes del Estado.

La comunidad internacional nos está dando la razón.  Ayer, el gobierno norteamericano, a través de la Portavoz Adjunta del Departamento de Estado, Jalina Porter, ha explicado que con la salida de Sandoval, su país ha “perdido la confianza en la fiscal general y en sus decisiones e intenciones de cooperar con el Gobierno de Estados Unidos y luchar contra la corrupción de buena fe”.

De igual modo, Naciones Unidas expresó su preocupación por la destitución del fiscal Juan Francisco Sandoval. “La capacidad de los fiscales para llevar a cabo sus funciones sin intimidación o interferencias inapropiadas es un requisito esencial para dar respuesta y prevenir la corrupción y la impunidad”, declaró el portavoz de Naciones Unidas, Farhan Haq.

En consecuencia, vamos por la vía correcta.  Tenemos que gestar el cambio posible para rescatar a Guatemala de la senda de la corrupción.  Es una tarea puntual que, sin embargo, debe ser producto de un plan más amplio para expulsar a las mafias del poder.  No hacerlo distrayéndonos en escaramuzas haría de nuestras conquistas, a veces demasiado costosas y hasta cruentas, victorias pírricas.

Por ello, conviene no perder de vista el futuro.  Considerar, por ejemplo, las próximas elecciones generales, las iniciativas que se impulsan desde el Congreso y los posibles cambios en los diversos organismos del Estado.  La sociedad civil debe interesarse más en lo que ocurre con acciones que superen el conocimiento noticioso.

Estar en guardia con actitud de prevención evitará escenarios indeseados cuando ya nada se puede hacer.  Como cuando llegamos a las elecciones y los ciudadanos tienen (tenemos) que votar entre un malandrín, Alejandro Giammattei y una pícara, Sandra Torres.  En esa situación, es demasiado tarde revertir el destino que hemos permitido.

Es fundamental, por tanto, que al trascender la indignación que nos lastima, actuemos desde una racionalidad con un proyecto de mediano y largo plazo. No basta, por ello, (aunque es urgente) pedir solo la renuncia de Consuelo Porras, señalar su venalidad y procurar su salida inmediata, también debemos pensar en acciones integrales que afecten en verdad el mejoramiento de las condiciones del país.

Esto requiere además, qué duda cabe, de cierto remozamiento intelectual.  Ya no solo el sentido crítico que reclame con celo la verdad, sino la comprensión de que se lucha contra la corrupción.  Si logramos ese estado de gracia entenderemos que lo ideológico interesa mucho menos que la voluntad por construir un país mejor para todos.

Consuelo de los corruptos

Yo supongo que ningún guatemalteco en su sano juicio tiene un buen concepto de la Fiscal General, Consuelo Porras.  Su inoperancia en la lucha contra la impunidad y su agilidad en ponerse a la orden del pacto de corruptos la sitúan como una burócrata nociva a los intereses del país.  La última decisión de terminar con la FECI, sin embargo, la ha dibujado de cuerpo entero, no solo la retrata como servil sino como la típica política empeñada en preservar su puesto.

Y, claro, eso produce desconsuelo.  El intento de reelegirse (porque seguramente lo habrá negociado con el ladronzuelo mayor), ya no solo haciendo inoperante al Ministerio Público (por más que se llene la boca por la creación de fiscalías), sino actuando para proteger a los corruptos que son abundantes en las estructuras del Estado, ha puesto en evidencia que su paso por la institución ha sido nefasto.

Ya se veía venir, no debería causarnos sorpresa.  No actuó de manera diferente cuando dirigía el país el pasado innombrable, Jimmy Morales.  De hecho, desde ese período empezó con su silencio, la estrategia del disimulo y la política del “laissez faire et laissez passer”.  Por ello, el funcionamiento del Ministerio Público es de bostezo cuando se trata de la persecución penal contra el exceso latrocinio desde todos los flancos de las instituciones.

Porque nunca como hoy tiene sentido el titular de una nota de prensa del diario español, El País: “Guatemala, un país que naufraga en un mar de corrupción”.  La delincuencia de los políticos llega lejos, todos la ven, los guatemaltecos la sentimos… todos, menos la complaciente Consuelo que ahora amenaza con patrañas defensivas al estilo de los pícaros.

No es otra cosa esa de señalar al exfiscal de la FECI, Juan Francisco Sandoval, por haber cometido “irrespeto que como mujer, funcionaria y profesional del Derecho ha sido víctima desde el inicio de su gestión…”.  ¿No le recuerda esa treta a la de Sandra Torres cuando se sintió “víctima de femicidio” y denunció a un grupo de seis editores de “elPeriódico”?  El vicio, la maledicencia y la perversidad es evidente.

La declaración del exfiscal que aclara la impostura es más que oportuna:

Me llamó la atención que en una de las reuniones previas, ella hizo mucha alusión a la ley contra el femicidio y hoy, en el comunicado, habla algo de ‘vejámenes’ pero no sé si se refería a que yo le había provocado vejámenes. Tengo buena memoria y no recuerdo en ningún momento haber provocado algún vejamen a ella”.

Es patético el momento que atravesamos, una circunstancia que condiciona al país al ponerla a merced de las mafias.  La desilusión, sin embargo, debe transformarse en actos de protesta que hagan temblar (y cambiar) a sus protagonistas.  Hoy más que nunca es necesario ponernos en guardia y defender nuestros derechos.  Aplazarlo es permitir la delincuencia y darle la razón a la impresentable fiscal general.

Operar y extirpar

Cultivar la crítica tiene su mérito, lo es porque supone la conciencia de que hay que estar en guardia frente al universo acechador de los timadores.  No por amor propio, por ego, (no dejaré que se aprovechen de mí), aunque también, sino por cierto restablecimiento de la justicia, por carácter, por razones morales.  Ya es mucho tener los ojos abiertos.

Pero no basta con la vigilia.  Reconocer al infame es solo una parte (sí, meritoria, pero no suficiente).  Hace falta operar para resituar el orden cósmico. Vaya, digámoslo más modestamente, para hacer de la crítica social un elemento que incida en la realidad.  Lo demás quizá sea una gloria personal en razón de la comprensión de los mecanismos de la maldad.  Nada más.

Lo que nos hace falta en Guatemala es precisamente esto último: la milicia que castigue a los delincuentes esparcidos en el Estado.  Y no solo allí, sino en los bancos, en las empresas privadas (las telefónicas es un buen ejemplo), en las iglesias y hasta a veces, por increíble que sea, en las universidades.  Que la perversión se democratizó y nuestro alelamiento parece ya ser legendario.

Ojo que eso de la milicia dista de lo bélico (armas, violencia y lucha armada).  Escribo del obrar, la voluntad que nos mueva a cambios efectivos sobre la realidad enfermiza. Sin que caigamos en lo de siempre, el trabajo aislado de francotiradores -tiratiros- o la treta convencional de hacer estudios, ya sabe, diagnósticos sesudos para “trabajar con inteligencia”.

Nos joden los autoengaños.  Creernos sal del mundo por la audacia de un post o eso de “volvamos viral la noticia”.  Nos echamos a perder con esa ficción de sentirnos héroes por acciones aisladas, asumiendo que la suma de ellos hará la revolución y la transformación radical de la sociedad (muy al estilo de “GuateÁmala”).  Pagamos el individualismo y la incapacidad de urdir juntos.

Digámoslo claro, mientras no establezcamos lazos mínimos de trabajo, casi cualquier acto resultará estéril.  Bien vale la lucha ideológica, combatir desde las trincheras conceptuales, generar paradigmas, idear posibilidades, proponer caminos alternos.  Hay que hacerlo.  Pero además (y quizá sobre todo) accionar, enfangarse, salir a las calles, lastimar inteligentemente al enemigo -que eso son los políticos que saquean Guatemala-.  Es urgente extirparlos, impedirles campos de acción y expulsarlos del lugar que los enriquece ilícitamente.

Nada vale ponerlos en evidencia (Ok, cuenta), pero no es lo sustantivo.  Ellos no son como usted, no sienten vergüenza, todo lo contrario, los excita salir en los medios, que se hable de ellos, sentirse protagonistas de su maldad.  Lo que les da dolor es quitarles los espacios, ponerles grilletes, llevarlos a tribunales, encerrarlos en las cárceles, humillarlos impidiéndoles volver a la política.  Eso debe hacerse.  Pero aún más, hay que asegurarnos no sustituirlos por otros ladrones.  La tarea es gigantesca.

Vigilados

Activistas, periodistas y más: Filtran lista de 15 mil teléfonos mexicanos  espiados con Pegasus

Parece ser que la vigilancia masiva de los Estados será el plato fuerte esta semana.  Ya lo es si nos atenemos a los extensos reportes de los principales diarios del mundo: Le Monde, New York Times, El País y el Corriere della Sera, entre tantos otros.  Todos hablan del famoso “Proyecto Pegaso” con el que algunos gobernantes del mundo han vigilado a sus presuntos enemigos políticos.

Sin duda vivimos en la era de la información pero también en la de la vigilancia.  El reconocido “Big Brother” salió de la literatura y, encarnado, dejó de ser parte de la ficción.  Empezamos a padecerlo en carne propia y no nos gusta, nos incomoda.  Aunque todavía somos muy tímidos en denunciarlo, no calibramos su alcance.

Es claro que la guerra sigue su curso, un comportamiento bélico, eso sí, sutil, diplomático, de baja intensidad.  El campo de batalla se trasladó al mundo digital, siendo las armas, los algoritmos, los famosos “malware” o programas maliciosos con los que intencionadamente se obtiene información de quienes se desea.

De ese modo, casi nadie logra escaparse del robo de datos.  El caso de la India es paradigmático, pero no muy diferente al de otros países en los que periodistas, defensores de los derechos humanos, diplomáticos extranjeros, militares, políticos y Organismos no Gubernamentales han sido blanco de la actividad criminal.  Y, como podía presumirse, se ha establecido que tras la patraña, desde el 2017, se encuentra su primer ministro, Narendra Modi.

Lo que llama la atención es la hipocresía de muchos de los líderes políticos que critican la vigilancia en otros Estados, pero la permiten campantemente en sus propios países.  Más todavía, al romperse las vestiduras frente al ataque cibernético en su territorio, olvidando que también la practican alegremente contra sus vecinos.  ¿Recuerda el caso danés?

No hace mucho, en el primer trimestre del año, a través de una investigación, la televisión pública danesa “DR” y otros informativos europeos confirmaron que la canciller alemana Angela Merkel y sus aliados más cercanos en Europa habrían sido espiados desde 2012 a 2014 por Washington a través de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), con ayuda de Dinamarca.

Rindámonos a los hechos: la vigilancia llegó para quedarse.  Hace poco fue a través de la NSA, luego por la empresa Cindiru, más recientemente por el “malware” comercializado por la sociedad israelí NSO, que según New York Times, es “the world’s most infamous hacker-for-hire outfit”.

Todos negarán el protagonismo y responsabilidad de la patraña, usted ponga su barba en remojo.  En este lado del globo recuerde que nuestros políticos son mucho más desvergonzados y actúan en la más pura y dura impunidad.  Tome las medidas que corresponda y tenga cautela.  Los ojos de los que tienen el control no tienen escrúpulos.  Así va el mundo.

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