Lucro, homogeneidad y pensamiento mágico

No siempre estoy convencido de la maldad gremial como sistema derivado de un planteamiento filosófico en marcha. Evito pensarlo porque supondría la conformación de un grupo pensante, maquiavélico, que persiga fines con un esquema fundado y orgánico. Y “la masa”, diría Ortega y Gasset, no tiene tantos alcances para ello, más cuando se trata deSigueSigue leyendo «Lucro, homogeneidad y pensamiento mágico»

El amor en tiempos de sobrevivencia

El amor enfrenta una crisis en la actualidad, ahogado por el individualismo y el deseo de lucro. A pesar de su valor trascendental, muchos desaperciben su verdadera esencia. Amar significa vaciarse por el otro y buscar un crecimiento mutuo, enfrentando el odio y el egoísmo que amenazan nuestra capacidad de conectar.

El mundo como voluntad de la carroñería

Para nadie es un secreto, creo yo, que las redes sociales están llenas de contenido más bien liviano, de esos que no nos exigen porque están hechos para eso: distraernos, alegrarnos y matarnos las horas. ¿Qué hace que pasemos el tiempo enganchados a tanta basura digital? ¿Por qué transitamos en la medianía sin aplicar unSigueSigue leyendo «El mundo como voluntad de la carroñería»

Trabajar la paz

Photo by Valeria Ushakova on Pexels.com Con el tiempo las personas varían sus preferencias. Vienen períodos condicionados por los años, las experiencias, las virtudes y los defectos que, al arraigarse, generan perspectivas nuevas. Una de ellas es la exigencia de tranquilidad, porque el militante, cansado de la guerra, baja las armas y capitula. Proclama unSigueSigue leyendo «Trabajar la paz»

Subterfugios

Cuando era joven, en mis años de estudios universitarios, le escuché a un profesor de filosofía —era cura, por cierto— una palabra que hasta hoy recuerdo: subterfugio. Nos decía, al margen de su clase, algo así como que no debemos ocultarnos con artificios, mentirnos, con tal de mostrar lo que no somos. Apelaba al valorSigueSigue leyendo «Subterfugios»

A contrapelo del tiempo

Hubo una época en la que la humanidad destacaba lo que nos hacía diferentes del resto de las especies, el tiempo en que se afirmaba la racionalidad como valor supremo sobre los demás vivientes. Nos la creíamos; bastaba mirar alrededor para confirmar esa capacidad creadora en un mundo hecho a la medida. Desde mucho tiempoSigueSigue leyendo «A contrapelo del tiempo»

Sociedades flácidas. Notas sobre la decadencia contemporánea

No es fácil resistir al tiempo porque su fortaleza es la constancia, y al final lo nuestro son los límites. Vivir es, sin embargo, sobrevivir, deseos de vitalidad donde hay decadencia como cumplimiento. Nada escapa a la condición humana ni a la fragilidad de lo finito. No obstante este reconocimiento, la subversión de la voluntadSigueSigue leyendo «Sociedades flácidas. Notas sobre la decadencia contemporánea»

Contra la pequeñez: intuición, esperanza y crecimiento

Afirmar los valores es una de las tareas más irrenunciables en el transcurso de la vida. Lo es, no desde una suerte de moralismo que defiende militantemente un único horizonte, como un fundamentalismo, sino como convicción personal de un autodescubrimiento que supone la decisión de crecer. Pienso, por ejemplo, en la esperanza, la virtud teologalSigueSigue leyendo «Contra la pequeñez: intuición, esperanza y crecimiento»

Dukkha: el virus que compartimos

Que la vida es sufrimiento, Dukkha, según el budismo, es evidente. Y es, quizá, la causa de la violencia compartida o de nuestra toxicidad conductual. Da coraje cuando lo sufrimos, sin advertir que nosotros mismos somos portadores del virus que padecemos. Lo viví la semana pasada cuando un motociclista, sin motivo aparente, pasó rompiéndome elSigueSigue leyendo «Dukkha: el virus que compartimos»

Contra el servilismo y la cultura del aplauso

Una de las expresiones de la enfermedad social que nos aqueja es la aceptación del mal que hemos normalizado. Es verdad que los políticos corruptos impactan con sus acciones, pero resulta aún peor el aplauso de quienes los rodean. Desde mi punto de vista, esto es más lamentable que la propia perversidad de sus protagonistas.SigueSigue leyendo «Contra el servilismo y la cultura del aplauso»