El valor transformador de la negación

«Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente ‘como todo el mundo’ y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico
a los demás».

José Ortega y Gasset

Hay un episodio en la famosa película dirigida por Eric Till y protagonizada por Joseph Fienne, «Luther», en que el reformador religioso rechaza ir a Roma para someterse a la autoridad eclesial.  Lutero, persuadido de su proyecto de separarse definitivamente de la Iglesia, cumple su destino a través de un rotundo «no».

Por mucho tiempo se nos ha enseñado que la vida se construye afirmando la realidad, diciendo sí a las oportunidades, actuando.  Es la idea ya presente en Calvino de que el cielo debe ganarse a través de la determinación cotidiana del trabajo.  Así, picar piedra cobra sentido, más allá de lo profano de su apariencia, porque su resultado se convierte en signo de la elección divina que urge reconocer.

Poco ha insistido la educación en la importancia de la negación.  Como si decir no significara una amputación limitante.  Todo lo contrario, es expresión de poder, manifiesta autonomía.  Como cuando Diógenes le pide a Alejandro (el Grande) apartarse para disfrutar los beneficios del sol. Oponerse es signo de grandeza frente a las famosas microfísicas del poder.

Decir no también significa sustraerse.  Una tarea que las redes sociales y el mundo digital problematizan por la homogenización de pensamiento que promueven.  Ir a contracorriente escapando de las modas es la base del desarrollo moral, pero exige carácter y una claridad que a veces está ausente.

Lo normal es eso que Herbert Marcuse llamó la unidimensionalidad.  El ser humano que, condicionado por la sociedad del consumo y el sistema capitalista, ha perdido su capacidad crítica y de razonamiento autónomo.  En ese ecosistema, la humanidad es arrastrada sin que su voluntad pueda gestionarse por sí misma.

Hay que aprender a resistir.  Oponerse a las convenciones en las que reside muchas veces la iniquidad.  Fundados en la certeza de que la evolución exige el valor de las sombras.  Esa dialéctica que reconoció en su momento Teilhard de Chardin como indispensable para el avance de la humanidad.

Sin esa conciencia, Lutero estaría fuera de nuestros libros de historia y nadie sabría de su vida.  Asentir lo habría ubicado como uno más de su época.  Sin embargo, su rechazo al poder establecido, su aspiración a la independencia de pensamiento hizo de él un ejemplo a seguir en esta materia. 

Lo anterior quedó recogido en una de las frases de la película citada: «No puedo y no quiero retractarme de nada, porque no es seguro ni correcto actuar en contra de la conciencia».  Como el mismo Lutero concluye, «que Dios nos ayude».


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Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

5 comentarios sobre “El valor transformador de la negación

  1. Wow! que frase tan precisa de Lutero «No puedo y no quiero retractarme de nada, porque no es seguro ni correcto actuar en contra de la conciencia», «que Dios nos ayude»..

    En lo personal todo depende de tu propia conviccion, de estar seguro y consiente de seguir solo tu sentir. Todos somos capaces de discernir.

    Gracias por tu sentir y conviccion.

    Se te quiere mucho.

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  2. ¡Qué reflexión tan profunda! Me ha encantado cómo has puesto el foco en la importancia de saber decir no, de resistir frente a la presión social y las normas impuestas, algo tan necesario hoy en día. Me recuerda que la verdadera autonomía y crecimiento personal a menudo surgen al tener el valor de desafiar lo establecido, como hizo Lutero con su famoso «no». La educación tradicional tiende a enfocarse mucho en el «sí», en avanzar sin cuestionar, pero es vital que aprendamos a decir no cuando es necesario, para preservar nuestra autenticidad y nuestra capacidad de pensar críticamente. ¡Gracias por compartir este análisis tan enriquecedor!

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