El impostor de las redes sociales

Mark Zuckerberg confirma la regla según la cual no nos debemos fiar de las apariencias personales.  El muchacho, que ya no lo es tanto porque tiene 36 años, luce como seminarista gringo: calmado, sereno, tímido.  Si fuera monje, diría que es hasta reprimido, tieso y estreñido.   La verdad es que es raro, pero jamás tonto.

Con esa cara de yo no fui, Zuckerberg ha demostrado ser un multimillonario perverso.  Hay un rosario de pruebas que lo confirman, pero sin mayor esfuerzo mencionemos solo tres.  En primer lugar, su poca disimulada tendencia a la mentira.  El dueño de Facebook ha evidenciado ser un impostor mintiéndole, por ejemplo, a las autoridades de su país y a sus clientes al ocultar la venta de información obtenida a través de sus redes sociales.

No voy a citar el libro escrito por Ben Mezrich por razones de espacio, “The accidental billionaires. The founding of Facebook: a tale of sex, money, genius and betrayal”, pero es irrefutable la falta de escrúpulos del empresario norteamericano.  De cartujo, nada, particularmente si nos atenemos al afán de poder que lo conduce a asociarse hasta con el mismo Satanás y la corte de genios del terror con tal de conseguir lo que se propone.

Esta segunda inclinación malsana del geniecillo de la tecnología, la voluntad de poder, lo ha conducido a asociarse con Donald Trump, en otro ejemplo, no por motivos ideológicos que de esto no sabe mayor cosa, sino por poder.  Y abrazaría la causa de Xi Jinping, Putin y hasta del presidente de Irán, Hasán Rohaní, si se alinearan a sus objetivos porque el pícaro no tiene límites… lo quiere todo.

El falso seminarista, y esta es su tercera inmoralidad pública, no disimula sus afanes monopolísticos.  Ya no lo mueve el dinero, lo tiene en cantidades industriales, sino su manía de control, la desmesura, el egoísmo y su voluntad tiranofílica.  El dueño de Facebook, WhatsApp e Instagram, entre otras empresas, es peligroso, no solo por el latrocinio de nuestros datos con el que sigue enriqueciéndose, sino por la manipulación para imponer sus perversiones personales.

Elizabeth Warren hace meses dio en el blanco al responder a la crítica de Zuckerberg que afirmaba que la política “apestaba”.  La demócrata, dijo:

Lo que realmente ‘apestaría’ es que no arregláramos el sistema corrupto que permite que los gigantes como Facebook se involucren en prácticas anticompetitivas, pisoteen los derechos de privacidad del consumidor y que repetidamente no asuman su responsabilidad de proteger nuestra democracia”.

La cita apenas esboza la conducta impropia del multimillonario envuelto en relatos de sexo, dinero, genio y deslealtades.  Al disimular bondad no hace sino recordarnos la cita de Maquiavelo: “El que mejor ha sabido ser zorro ese ha triunfado. Hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera que obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”.

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