Los países frugales

No deja de causar gracia o cuanto menos llamar la atención eso de “países frugales” con que se autodenominan, Austria, Suecia, los Países Bajos y Dinamarca, frente a los desmesurados europeos como Francia y más en particular Italia y España.  Es curioso porque no parece que ninguno se haya opuesto al vocablo con lo que quizá se da por sentado que las finanzas de algunos países son el resultado de una administración maltrecha y descuidada.

Eso explica que los 27 socios de la Unión Europea hayan tardado tanto en acordar endeudarse para financiar a las cigarras del club.  Un “deal” sufrido en el que el concurso de la Merkel sin duda fue decisivo para convencer a los tozudos encabezados por el estreñido primer ministro holandés, Mark Rutte.

La geopolítica continúa su protagonismo en plena pandemia.  Siguen los movimientos peristálticos en el corazón de la comunidad internacional que hace frente a las superpotencias: Rusia, China y los Estados Unidos.  La Unión Europea es consciente de su fragilidad en un escenario de crisis social y económica si en la carrera se queda rezagada.  Por ello, el pacto es una apuesta con la que intentan ubicarse en mejores condiciones en el juego macabro del poder.

Mientras tanto, en universos paralelos, la prodigalidad es la máxima de vida. El derroche, el saqueo y la corrupción.  Sin olvidar, eso sí, la arenga que pide paciencia, comprensión y tiempos de espera.  Quiero decir, la doble moral por la que se predica desde el fraude las virtudes ascéticas.  Ya sabe, la penitencia y el valle de lágrimas para la gente, lo dionisiaco y la vida báquica para quienes gobiernan.

Si los vagos europeos, como tildó el seminario holandés, Elsevier Weekblad, a los españoles e italianos tienen una nueva oportunidad por las subvenciones y créditos acordados para superar la crisis pandémica (España recibirá 140.000 millones de euros), nosotros no tenemos -ni tendremos esa suerte-.   Necesitamos, por ello, políticas que maximicen los recursos en inversiones que salvaguarden y protejan a la sociedad.

Los políticos no están haciendo la tarea.  Y mientras se quejan de las costumbres del pueblo, el Covid-19 sigue haciendo de las suyas en muchos ámbitos de la esfera pública.  No se debe esperar milagros, es urgente trabajar para estar a la altura de la hormiga de la fábula que aconsejaba “recoger provisiones para el invierno y dejarse de tanta holgazanería”.  Con suerte sobreviviremos el frío intenso que se cierne ya en nuestros días.

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