“Estamos en guerra”, la frase de Piñera y de los estados capitalistas de América Latina

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Lo que acontece en Chile generado por el aumento de las tarifas del metro de la capital, es un fenómeno incomprensible para nuestras élites latinoamericanas que, insensibles, buscan justificar con argumentos trillados: manipulación de la izquierda, la ignorancia de las masas, impaciencia popular… sin jamás molestarse por entender que ellos son los causantes mayormente del malestar social.

No lo intentan porque tienen embotada la mente y cerrado su corazón.  Dado que para ellos lo que cuenta es el lucro en un horizonte en el que los pobres son solo números, clientes a quienes vender o empleados a explotar.  Desde esa mirada es que se construye el libre mercado en donde crece la riqueza para unos pocos en detrimento de las mayorías.  Nada que no se haya dicho antes ni que no se sepa ahora.

No hay que ir a los libros para averiguarlo.  Las protestas chilenas y el malestar generalizado en muchos países es la prueba reina de lo que hemos dicho.  No se trata de ideologías como maliciosamente difunden los banqueros y empresarios, es el hambre de justicia, la falta de oportunidades y el encarecimiento de la vida lo que mueve al pueblo a salir a las calles.  Se trataría del reclamo por una refundación del Estado en el que la inclusión de las minorías sea posible.

Manifestar no es solo expresión de hartazgo, como el grito desesperado de un pueblo próximo a capitular.  Es también el movimiento generador de una realidad nueva, siempre realizable a partir del sueño de las víctimas.  De alguna manera patentiza la esperanza de transformación de un contexto lleno de posibilidades mejores.  Algo así como lo sugería Ignacio Ellacuría:

La verdad de la realidad no es lo ya hecho; eso es sólo una parte de la realidad, si no nos volvemos a lo que está haciéndose y a lo que está por hacer, se nos escapa la verdad de la realidad. Hay que hacer la verdad, lo cual no supone primariamente poner en ejecución, realizar lo que ya se sabe, sino hacer aquella realidad que en juego de praxis y teoría se muestra como verdadera […] la realidad y la verdad han de hacerse y descubrirse […] han de hacerse y descubrirse en la complejidad colectiva y sucesiva de la historia de la humanidad.

Pero si hacer frente a la injusticia desde la protesta callejera es un imperativo para provocar cambios, no lo es menos la configuración de una teoría que se imponga a la doctrina neoliberal erigida como monolito inmutable en su función de realidad última o verdad incontrovertible. Se trataría de un proyecto en el que quepamos todos, garantizando las necesidades básicas y estableciendo oportunidades para la democratización de la dignidad ahora negada por los adoradores de becerros de oro.

Las élites suramericanas no se han enterado de la indignación del pueblo (y las nuestras quizá mucho menos).  Eso ha hecho decir al presidente Piñera, dueño de las mayores fortunas del país, que Chile “está en guerra contra un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite, incluso cuando significa la pérdida de vidas humanas, con el único propósito de producir el mayor daño posible”.  Sin ninguna empatía con los manifestantes ha decidido gobernar con la brújula que orienta al capitalismo salvaje que todos conocemos.

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