Corrijamos el rumbo

Las canalladas de Giammattei son de vieja data y no comprendo porqué algunos se escandalizan.  Ya era un esperpento desde que se vinculó como empleado de gobierno en las administraciones pasadas.  Es tan desvergonzado que casi nunca ha escondido sus malas maneras ni su ambición por el poder y el dinero.  Si hay responsables en que ahora mal conduzca el país hemos sido casi todos nosotros.

Unos por seguir el juego de nuestra seudo democracia, otros por incapacidad, por desorganización para oponernos con efectividad al sistema.  No deberíamos victimizarnos y menos aún mostrarnos sorprendidos por las acciones del incapaz.  Se pudo haber mostrado sorpresa por el payaso Morales, pero jamás por el delincuente actual.

Pero ya está, hoy tenemos que reducir el mal generado por la banda de corruptos.  A futuro, eso sí, debemos corregir nuestra miopía.  Hacer lo posible por no permitir más escorias en la cosa pública, sabe a qué me refiero, la llegada de políticos de baja catadura por todos conocidos.  Tengo desgano por mencionar sus nombres.

Los cuatreros son fácilmente reconocibles.  Ya no solo porque tienen récord delictivo, sino porque se hacen rodear de afines, los desmesurados amigos de lo ajeno.  Se asocian por coincidencias de propósito, por la ausencia de moral y la infinita falta de escrúpulos.  Para ellos respirar, robar y matar (si fuera necesario), es lo mismo.

Todo muy aderezado por la facilidad para el timo, el disimulo que los hace cambiar de piel.  Sí, un día aparecen lacrimosos por las muertes de la pandemia, otro como paladines de los derechos a la vida.  Hasta invocan a Dios si es necesario.  Parecen buena cosa, parroquianos, devotos y decentes ciudadanos.  Son en verdad, el mal disfrazado de humanidad.

Me he referido a Giammattei como el esperpento mayor, pero el ecosistema es ubérrimo.  No queda sino mencionar a algunos, María Consuelo Porras, Sandra Torres, Allan Rodríguez, Roberto Molina… la fauna es inmensa.  Todos comparten esa naturaleza maltrecha congénita que los habilita para la perversión. 

Llorarían si se enteraran del mal germen en su interior, pero cuentan a su favor con la ignorancia supina que los protege.  Por ello, como le decía, es inexplicable que dado ese porte de impresentables, los guatemaltecos los toleremos y hasta finjamos que no nos importa su podredumbre moral.  No puede ser que estemos más enfermos que ellos.

Pasemos de Giammattei (sin más concesiones, eso sí) y dispongámonos a corregir nuestro paladar político.  Abandonemos el supuesto pragmatismo para sabotear las triquiñuelas en las que el Tribunal Supremo Electoral es su gran cómplice.  No permitamos nunca más la llegada de otra piltrafa humana como máximo líder del destino de nuestro país.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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