Los vicios de una administración retorcida

Rafael Curruchiche y Consuelo Porras

Cuando la fiscal general, Consuelo Porras, decidió remover de su cargo a Carla Isidra Valenzuela Elías para promover a José Rafael Curruchiche como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (Feci), dio un paso más en su propósito de velar por los intereses oscuros y darle la espalda a la ciudadanía a quien se debe.

¿Cuánto hay de emotividad en su decisión dada la crítica recibida por todos los flancos?  Creería que mucha, pero pesa más aún la voluntad de cuadrar los planes trazados para encubrir a sus padrinos (la mayor parte delincuentes, piense por ejemplo en Jimmy Morales y su amigo Giammattei) desde una administración que nació torcida.

No hay que descartar que también prive el miedo al decantarse con visos de irracionalidad (no puede llamarse de otra manera su opción por Curruchiche), la pérdida de sueño al sentirse descubierta en su naturaleza perversa.  Porque han bastado dos semanas para que los guatemaltecos se hayan enterado de que lo suyo es el vicio, la voluntad de poder y el cuidado de sus propios intereses.

Algunos oficiosos, incautos y retorcidos, afirman la trama de grupúsculos oportunistas.  Otros insisten en el lelismo de las masas, inducidas por voluntades ajenas, ideologizadas.  Olvidan que lo que priva en las manifestaciones es la denuncia contra las mafias enquistadas en el gobierno con planes evidentes de saqueo.  Así, el relato ideológico es usado a conveniencia para continuar delinquiendo sin oposición.

Y mal hacen los que son timados y repiten el argumento falaz porque sin quererlo (quizá) se ponen del lado de los capos de gobierno.  La dimensión crítica no les alcanza, a veces no por limitaciones intelectuales, sino por oposición a los que protestan, razones de clase, sentimientos ciegos que los ubican en su imaginario como singulares frente a la masa que denuestan y desprecian.

Más allá de ello, el rechazo a la fiscal nunca ha sido tan unánime.  Basta citar nuevamente la decepción expresada por el enviado especial del Departamento de Estado, Ricardo Zúñiga, cuando dice desde los Estados Unidos: “Hemos perdido la confianza en la Fiscal General porque no es una aliada en la lucha contra la corrupción”.  La desaprobación, asimismo, fue corroborada por los Obispos desde su posición en el Comunicado de la Conferencia Episcopal.

La abrupta destitución del fiscal Juan Francisco Sandoval le ha hecho un daño irreparable al país. Se ralentizan los importantes casos que llevaba, es enorme la pérdida de credibilidad del Ministerio Público, crecerá la indignación ciudadana, aumentarán las protestas sociales y el nivel de conflictividad, se complicará más el ya deficiente manejo de la pandemia y el tortuoso proceso de vacunación”.

Es enorme la pérdida de credibilidad del Ministerio Público, lo afirman los obispos, la Unión Europea, los Estados Unidos, pero sobre todo los guatemaltecos.  Así, la designación de un fiscal investigado por mala gestión del caso FCN como jefe de la FECI, nos referimos a Rafael Curruchiche, no hace sino confirmar que la fiscal más allá de su extravío administrativo expresa la mala catadura moral de su naturaleza.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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