El cántico esperado de Alejos

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La filtración de que Gustavo Alejos ha optado por colaborar con la FECI es quizá una buena noticia en el marco de la lucha por la justicia, pero más aún por la voluntad de ratificar las patrañas de los grupos que han delinquido a la sombra del Estado.  No creo que haya sorpresas, pero sin duda su gráfica ayudará a diseñar mejor lo que ya todos conocemos.

Porque, seamos honestos, en materia de saqueo del Estado ya casi no hay espacio para el escándalo.  Los medios de comunicación, la prensa particularmente ha develado hasta la saciedad los nombres de los corruptos y sus artimañas, los vicios y las triquiñuelas con las que se han enriquecido.  Así, lo de Alejos solo confirmará lo que ya es de dominio público.

Pero no es poca cosa.  El sistema de justicia necesita pruebas para castigar según el estado de derecho y es aquí donde nuestro protagonista puede colaborar.  Su denuncia será provechosa para comprender los mecanismos de la estructura, sus protagonistas, la cuantía de lo malversado y la perversidad moral de sus operadores.

Aunque no debemos pensar que Alejos sea “il capo dei capi”.  Sí, quizá sea la cabeza visible de un grupo al que hay que castigar y excluir para siempre de la vida política, sin embargo el “non grato” para los Estados Unidos representa apenas uno de los grupos que delinquen en el país.  Hoy muchos sabemos que la corrupción se aloja también entre empresarios, sindicalistas, abogados y hasta en organismos como universidades, colegios profesionales e iglesias (por increíble que sea).

Con todo, el éxito del cántico nada espiritual de uno de los líderes del hampa llegará a buen puerto si los astros se alinean, condición que está por verse dada la tradición de impunidad en nuestro país.  Más todavía porque al parecer la suerte del proceso depende del Ministerio Público, esto es, de la súper dinámica fiscal general, Consuelo Porras, que deberá apoyar esa pesquisa y garantizar, según lo ha dicho la prensa, la declaración del exfuncionario de la UNE.

Ya ve que no debemos anticiparnos a los hechos ni cantar victoria.  Vivimos tiempos recios o, mejor aún, períodos en que les suena la flauta a los corruptos en un actuar desvergonzado.  Como nunca la confianza de los delincuentes está a tope, son optimistas porque al ver copadas las principales instituciones del Estado, en especial las que tendrían que cuidar sus recursos, se atreven sin contemplaciones a robar a mansalva.

No hay que perder las esperanzas.  Quizá obtengamos un milagro a causa de factores imprevistos.  Puede que con un golpe de suerte estemos a punto de identificar con nombres y apellidos a los que se han enriquecido ilícitamente, a los que quizá han asesinado o simplemente a los que han impedido una oportunidad a los desnutridos, los desempleados o los que se mueren ahora en la entrada de los hospitales públicos.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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