La tremebunda vocación docente

Ocasionalmente, medio en broma y en serio, me lamento con mis estudiantes de mi vocación docente: “no sé qué pensaba cuando decidí dedicarme a la docencia”.  Alguno siente lástima por mí, pero no creo que se interese profundamente de mis sentimientos.  Claro está que no se los digo de verdad, uso esas expresiones dramáticas comoSigueSigue leyendo «La tremebunda vocación docente»

Los adioses

A lo largo de la vida me he sentido atraído por las confesiones de los que se encuentran en las postrimerías de su existencia.  Con esa voluntad desconocida, por ejemplo, entrevisté a mi padre días antes de su muerte (padecía de un cáncer que lo aniquiló irremediablemente).  Lloró durante las varias jornadas en que retomábamosSigueSigue leyendo «Los adioses»

Un jardín en penumbra

Las nuevas triquiñuelas de internet que hace que nos desinformemos a causa, por ejemplo, del tratamiento de las fotos, representa un desafío para el que debemos estar en guardia y en disposición para educar a las incautas generaciones.  ¿Cómo?  Esa es la pregunta que se ofrece a los expertos de las ciencias de la educaciónSigueSigue leyendo «Un jardín en penumbra»

Internet, privacidad y datos personales

La privacidad en la red quizá sea el tema del futuro o, más allá de ello, lo único que importe en materia de libertades públicas.  La discusión, que apenas empieza porque al parecer no es un problema demasiado sensible para el ciudadano de la calle, será vital no solo para el nuevo ordenamiento social ySigueSigue leyendo «Internet, privacidad y datos personales»

Recuperar la credibilidad perdida

El problema con el universo informativo, y me refiero, claro está, a quienes ejercen el periodismo es que parecen alimentarse del escándalo y la sobredimensión de sus reportajes. Por eso es que muchos, de tan escépticos, suelen ignorar las noticias o darles poca importancia, salvándose del timo, pero exponiéndose a las amenazas de la cotidianidad.SigueSigue leyendo «Recuperar la credibilidad perdida»

Mereces ser feliz

La conciencia de la finitud debería favorecer la convicción de que no hay demasiado tiempo para la postergación de los momentos.  De que nos jugamos la vida entera, la felicidad, en el plazo en que movemos las piezas del tablero.  Sin tragedias, reconociendo que el reloj sigue su curso y que debemos administrar con sabiduríaSigueSigue leyendo «Mereces ser feliz»