Jobs te ve

Tengo la impresión de que eso que llamábamos hace muchos años “pecados solitarios” sea una pieza más de colección.  Hablo de esos “pecadillos”, muchas veces de índole sexual, cometidos en secreto donde se transgredía solo.  Todo con la certeza de que nadie se enteraría de ese arrebato a menos que lo confesáramos a alguien o hiciéramos gala de nuestras presuntas perversiones en pláticas de cantina.

Esa experiencia ha llegado a su fin desde que las grandes empresas tecnológicas nos controlan y nos tienen medidos con detalle a través de los métodos biométricos de identificación de huellas dactilares, iris del ojo, retina, voz, rostro y mucho más.  Así, con colaboración nuestra, nada pasa desapercibido por los administradores de los big data.

Dios te ve”, repetían los santos, entre ellos san Juan Bosco, para atemorizar a los audaces y disuadir a los potenciales onanistas muy dados a los vicios solitarios.   Ese ojo represor o simplemente su advertencia, el santo de Turín lo colgaba en sus internados y al parecer calaba en la conciencia de los adolescentes que “vigilados por el Altísimo”, preferían reprimir las inclinaciones de la carne para bien de sus almas.

¿Quién se recuerda de ello?  ¿A cuántos jóvenes persuadiría la omnipresencia divina?  Me temo que a casi nadie.  Más efectivo es llamar la atención a los jóvenes sobre la efectividad del grupo GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) para escucharnos, grabarnos y ubicar nuestros gustos, inclinaciones y preferencias.  Insistir en que no hay espacio para la privacidad y, en todo caso, debemos complicárselas a los desarrolladores de algoritmos.

Hay que recordar que recientemente Google y Apple reconocieron, sólo porque Bloomberg los puso en evidencia, que escuchan las grabaciones de voz capturadas por sus asistentes virtuales Assistant y Siri y por sus parlantes inteligentes Google Home y HomePod.  La prensa indica que la polémica surgió en abril de este año, cuando Bloomberg reveló que Amazon tiene trabajadores que escuchan y transcriben las conversaciones de sus clientes con Alexa, su asistente.

Un “informante” anónimo de Apple denunció que esa empresa les pagaba para escuchar conversaciones de personas practicando sexo o discutiendo información médica confidencial.  Con lo que ha quedado a luz pública no solo el prurito de perversión de las compañías y el ánimo por comercializar nuestra información privada, sino los cuidados que debemos tomar, desde los gimoteos pasando por nuestra preferencia electoral y gustos variados.

Hasta el salmo 139 habrá que modificar porque no se adapta a nuestros tiempos.  ¿Se recuerda de él? 

1. “Yahveh, tú me escrutas y conoces;” 2. “sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos; 3. esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas. 4.Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces entera; 5. me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano. 6. Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla. 7. ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?“.