Una brújula para encontrar el camino

Brújula En Mano

Más grave que estar desorientados quizá sea la inconciencia de estarlo.  Es lo que nos sucede a escala nacional desde la perspectiva de gobierno.  Vamos, como dijo el poeta, sin rumbo cierto, a la deriva y quizá como sufriendo déficit de atención.  Tan torcidos, que no hay ni uno solo entre los asesores o protagonistas de la gestión del país que corrija la dirección.

Diametralmente opuestos a lo que sucede por ejemplo en Europa que al menos se lo plantea.  Así sucede con la propuesta reciente de Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea, que ha aguijoneado recientemente a esos países con tres preguntas: ¿A qué retos y amenazas nos enfrentamos? ¿Cómo podemos agrupar mejor nuestros activos y gestionarlos eficazmente? ¿Y cuál es la mejor manera de proyectar la influencia de Europa como actor regional y global?

El funcionario propone una agenda que asuma la dirección con objetivos claros y un plan concreto de acciones.  De fondo permanece la idea del protagonismo europeo so pena de exponerse a los caprichos de las potencias adversas.  Un reto de envergadura que conlleva el acuerdo conjunto de 27 países con problemáticas distintas y gobiernos no siempre a la altura de los consensos.

El diagnóstico es certero, según lo establece el texto:

Nuestro análisis global de las amenazas muestra claramente que Europa está en peligro. La Unión Europea se arriesga a lo que he llamado un ‘encogimiento estratégico’. Esto se percibe desde tres puntos de vista. En primer lugar, nuestro alcance económico está cada vez más circunscrito. Hace 30 años, la Unión Europea representaba una cuarta parte de la riqueza mundial; dentro de 20 años, representará poco más del 10%. Nuestra contracción demográfica se desarrolla de forma similar: a finales de este siglo, Europa representará menos del 5% de la población mundial”.

En cuanto a nuestra propia realidad estamos fritos.  En primer lugar porque quienes nos gobiernan solo tienen proyectos para el saqueo del erario nacional.  La mayor parte de los funcionarios pertenecen a bandas de delincuentes enfocadas en la expropiación a mansalva de la riqueza del país.  Todo ello hace que la población considere desacreditados a casi todos los involucrados en la cosa pública.

En segundo lugar, consecuencia de lo anterior, la población no participa en el simulacro democrático que ofrece el sistema político.  Como en Chile, donde la abstención reciente llegó al 53%, los guatemaltecos están desencantados del juego cínico que significan las elecciones.  Esto hace imposible considerar un plan de nación en el que la ciudadanía se sienta comprometida.

Sin embargo, necesitamos una brújula que nos marque pautas por la senda del desarrollo.  Guatemala y Centroamérica en general urgen gobernantes que trasciendan el populismo y la improvisación como hasta ahora.  Para ello, conviene el establecimiento de una agenda que trace un programa que nos incluya a todos y que genere confianza.  Ojalá que peregrinamente se le ocurra a alguno de los cercanos a Giammattei y ponga las bases para una política fundamental para el país.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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