El servicio valiente de la prensa

La transformación por la que atraviesa elPeriódico, forzada por el acoso de la administración Giammattei, no es una capitulación en su lucha por las libertades públicas.  El coraje permanecerá porque se encuentra en el ADN de la prensa independiente que sabe reinventarse cuando la arbitrariedad se impone como recurso socorrido de los bárbaros.

De hecho no es la primera vez que ese medio ha estado entre las cuerdas.  En el pasado tuvo que imponerse también contra la narrativa autoritaria de los gobernantes en el poder que, aupados por la empresarialidad camaleónica, sirvió de alfombra en defensa de sus intereses gremiales.  Situación a la que nos tiene acostumbrados que deriva en la desconfianza de sus posiciones.

Ser independientes no es tarea fácil.  Ya no solo en lo personal, sino también (o sobre todo) en materia de medios.  Las tentaciones de poder y sus seducciones, pero principalmente la amenaza de los poderosos representan una batalla cotidiana imposibles de superar sino desde el compromiso con la sociedad y la fidelidad a los valores en que se prioriza la verdad.  Una ética que adereza humanidad y lucha constante en servicio a la población.

Porque aunque a veces el periodismo luzca insensible, su accionar está fundamentado en la defensa de la persona humana.  Y si es un periodismo ético, los medios operan desde la voluntad por la libertad, la verdad, la tolerancia y el diálogo.  La arena supera el discurso violento o altisonante para constituirse en espacio inclusivo para dar voz a los excluidos.

Evidentemente hay un aspecto disruptivo y quizá a veces provocador.  Es el momento mayéutico en donde a través de las pesquisas se denuncia la injusticia.  La exposición que revela la satrapía, el autoritarismo, la corrupción y la mentira.  Contra esa maldad, la prensa independiente es inclaudicable, por vocación, naturaleza y afección moral.

Estas ejecutorias de la prensa no las entiende el político raso, el cafetalero de las fincas ni el capo de aduanas.  Son incomprensibles un tanto por ausencia de luces, deficiencias en sensibilidad humana (falta de empatía), pero sobre todo por el carácter inmoral que gobierna su conducta.  Son actores retorcidos con los que la prensa no puede menos que denunciarlos por el daño social con que afectan a todos.

El resultado de semejante audacia no queda impune.  Los poderosos, que también suelen ser rosas de piel, golpean desde el arbitrio que les concede su posición.  Algunos con violencia física (hasta el asesinato); otros, a través de la persecución judicial para ofrecerles una muerte dulce desde el calabozo.  Esto último es el caso de Jose Rubén Zamora, entre tantos otros periodistas del país.

Así, la transformación de elPeriódico tiene que ver con esa lucha ejemplar ejercida durante años.   Por ello, es el momento de reconocer el servicio de esa empresa y la lucha valiente de sus periodistas.  Pedir, como no puede ser de otra manera, la liberación inmediata de Jose Rubén Zamora, encarcelado injustamente por la corruptela que nos gobierna.  Mantengamos la rebeldía contra quienes amenazan nuestra libertad.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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