¿Victimistas?

El victimismo fascista | ctxt.es

Hay todo un aparato en funcionamiento cuya finalidad es que nada cambie.  Intelectuales al servicio de la clase dominante, formando parte de la industria del espectáculo y de comunidades “científicas”, para hacer creer a la sociedad que el capitalismo es justo y que no hay alternativa mejor.  Esa es la razón por la que existe la homogenización del pensamiento.

No es casual, por ello, que la mayoría compartamos los mismos gustos y tengamos las mismas preferencias en el cine, la literatura, el arte, la moda, la tecnología, la cocina y… también la política.  Escapar de “las tendencias” es virtualmente imposible porque las ideas, a fuerza de repetirlas en la televisión y encontrarlas en la red, las asumimos para normalizarlas y volverlas costumbres.

De ese modo, nunca ha sido tan complicado el ejercicio herético porque nada lo procura.  Ser inteligente, dice la ciencia construida por ellos, es aprender a adaptarse.  En consecuencia, desde esa perspectiva, hay que asimilar los infortunios e injusticias porque es más de sabios.  Luchar y quejarse, insisten, es rebelarse frente a ese destino que resulta incambiable.

De ahí que autores como Ryan Holiday sean los maestros contemporáneos que enseñen a sufrir cual estoicos del siglo XXI.  Su “The Daily Stoic Journal: 366 Days of Writing and Reflection on the Art of Living”, es un éxito editorial que conforma la conciencia de la nación estadounidense y procura también entre nosotros el arte de la resignación “cristiana”.

Es un cristianismo secularizado, un pensamiento arropado con las ideas de Séneca, Marco Aurelio y Epicteto que proponen Holiday y Pigliucci, entre tantos otros, para “vivir una vida moderna”.  Extendida la pedagogía, todo lo que suene a protesta o disconformidad con el sistema cae dentro del ámbito de lo estúpido, del inadaptado que es un quejica que no sabe cómo vivir.

Por ese motivo, según ese marco “filosófico”, políticos como Macron critican a los franceses porque mucho se quejan.  Son “victimistas”, asegura, inconformes de las bondades del sistema que deberían agradecer.   El exbanquero y actual presidente de la República Francesa olvida el desempleo, la desigualdad y la pobreza de su país.  Y claro, cuando se vive como faraón es fácil enseñar la resignación y las buenas costumbres a la ciudadanía que se gobierna.

Para resumir, más allá de la observación del político que vive lejos de nuestra realidad, asumamos lo nuestro y pongámonos en guardia en contra del pensamiento único que nos adoctrina desde los diversos aparatos en funcionamiento.  Ejerzamos la crítica y evitemos la propagación de ideologías apaciguadoras que permitan el saqueo de unos pocos que viven a cuerpo de rey.  Seamos más listos y opongámonos con nuestras propias armas.

Publicado por Eduardo Blandón

Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo.

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