Cum grano salis

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Vivimos en la era de las noticias falsas.  Ya no es un secreto porque nos enteramos todos los días, pero para los más ingenuos, las noticias se encargan de recordarlo para que cultivemos un escepticismo radical y porque la supuesta novedad también vende.  Y mire, si eso es cierto en el ámbito político, lo es mucho más en el universo del espectáculo.  Vamos a la última perla de la alfombra roja.

Resulta que la semana pasada, Lady Gaga confesó a la revisa “Elle” que su relación con Bradley Cooper fue un invento de enormes proporciones.  Por diversión, por tomadura de pelo… por lo que sea, la cantante hizo creer a sus seguidores que después de la película “A star is born” (Ha nacido una estrella), comenzó un tórrido romance con su compañero de reparto.  ¡Y vaya supuesto amor!

No existió tales.  Todo fue una creación concebida con fines mercadológicos para demostrar lo fácil que es mentirle al público farandulero.  Lo dijo la actriz: “Ambos queríamos también que el público sintiera ese amor en los Oscar. Queríamos que esa historia llegara a todas las pantallas de televisión donde se estuviera viendo la gala. Y trabajamos muy duro para conseguirlo. Ensayamos bastantes días y planificamos cada segundo de la actuación de los Oscar como si fuera una película, y el ‘feeling’ llegó a lo largo y ancho del mundo”.

Por si no fuera poco, en un ataque quizá de honestidad, tilda tanto a sus fanáticos como a los medios, de “tontos” por creérselo todo.  Y cómo no, según ella, todo en virtud de su capacidad actoral que “vendió” al mundo entero un idilio que jamás existió.   “En realidad, cada vez que hemos hablado sobre esos rumores lo único que pensamos es que si la gente se los ha creído es porque hicimos un gran trabajo”, a lo que añadió.  “Siendo sincera, creo que la prensa es bastante tonta. Quiero decir que nosotros inventamos esa historia de amor. Y para mí, como actriz, por supuesto que quería que la gente pensara que era real”, concluyó.

Sí, claro, el mundo de la farándula nos debe importar un pepino.  Qué haga Lady Gaga tras el escenario es intrascendente.  Lo que quizá sea importante son algunas consideraciones.  En primer lugar, la trivialidad de muchos actores de cine.  Es de Perogrullo evidenciarlo, pero no deja de ser oportuno en un mundo en que muchos ven a esas figuras como referente de vida.  Por otro lado, más allá del carácter superficial de las estrellas de cine, está el hecho de la inmoralidad de sus acciones, mostradas con desparpajo a través del espacio público.

Me refiero a la conducta mendaz que lucen sin resquemor.  Se trata de actores con una madurez humana menor que contrasta con el talento desplegado en el escenario.  Y nada pasaría si su enanismo moral se viviera en la intimidad, pero la ignorancia supina en la materia a la que nos referimos los hace ser atrevidos, luciendo así las carencias que los vuelve idiotas funcionales con poder de influencia sobre sus seguidores.

Como puede advertirse las “fake news” no conocen fronteras.  Vivimos en el reino de la mentira.  Conviene, una vez más, leer las noticias y sus anuncios, como decían los latinos, “cum grano salis”, con un grano de sal, esto es, con un escepticismo a toda prueba, sabiendo que entre los humanos la mayor parte de sus creaciones son artificios.  De lo contrario, seremos el hazme reír de los malvados que acechan los medios de comunicación social.