Si los equipos de gobierno fueran conformados con base a capacidad, oportunidad y apoyo, la gestión de la administración pública sería diferente. Evitaríamos no solo el nepotismo, sino los altos costos incurridos por los defectos en sus operaciones. Pero esto no parece estar en nuestro ADN nacional y, menos aún, en el sistema político convertidoSigueSigue leyendo «El gustómetro atrofiado del principete»