Razones para lo alterno

El dilema de los líderes del mundo: negociar con Donald Trump o esperar a Joe  Biden - Infobae

En materia de política norteamericana el comportamiento de sus estadistas ha sido bastante parecido.  No hablo de gestión doméstica, sino del balance de las relaciones entre los Estados Unidos y los países de Latinoamérica.  Obviamente, como en casi todo, hay matices.  Siendo Trump el campeón de las tonalidades poco estéticas del cuadro que ha pintado en el mundo.

Esa es la razón por la que tengo bastante desafecto por la administración Trump.  En primer lugar, por el carácter populista en su manera de hacer política.  Eso lo ha conducido a una actitud acomodaticia en sus discursos y a una manía hacia la mentira.  El líder republicano miente con descaro y a voluntad, sin ningún escrúpulo con tal de endulzar el oído de la audiencia para alcanzar sus propios fines.

Trump no debe reelegirse, en segundo lugar, por su ineptitud.  No me refiero solo a la falta de experiencia y conocimiento de la administración pública y la política en general, ampliamente destacada por la prensa, pero, sobre todo, por sus más cercanos colaboradores y críticos, sino por la ceguera humana ostentada en su obsesión exclusiva por el dinero y las finanzas.  Una preocupación muy enfocada a engrosar su propio bolsillo.

Lo anterior explica su fracaso en el manejo de la pandemia.  Su insensibilidad es de antología porque han confluido tanto su falta de interés por lo humano, el maltrato hacia los niños, jóvenes y ancianos, como la ignorancia supina que lo ha llevado a declaraciones estúpidas en contra de las recomendaciones de los científicos que han intentado orientarle.  Usemos su calificativo preferido: es un fracaso.  ¿La prueba?  Además de los más de 200 mil muertos, la cantidad descontrolada de infectados.

Trump nunca debió ser presidente de los Estados Unidos y, menos aún, ser reelegido.  Tiene una larga lista de conducta que riñen con la ética elemental de persona mínimamente proba.  Es racista, excluyente, manipulador, machista y, por si fuera poco, un político, pero sobre todo empresario, estafador.  O por lo menos, no nos ha demostrado lo contrario, frente a las acusaciones del indebido pago de impuestos.  Sería muy hermoso que tarde o temprano el sistema de justicia hiciera las investigaciones respectivas y aclarara el manejo fiscal del millonario.

Los electores tienen la última palabra y están a punto de decidir el futuro de su país.  Un porvenir que nos atañe a nosotros y a las demás naciones del mundo.  Ya no vale el discurso ese de que “no debe de interesarle sino a los ciudadanos estadounidense las elecciones” o el de la famosa “soberanía” frente al resto de países.  Especialmente porque los Estados Unidos impone su criterio desde a sus malqueridos vecinos latinoamericanos hasta los países más exóticos del este y exquisitos de Europa.  En esa línea es que si hay que escoger hay que decantarse por la vía alterna del patético Donald Trump.

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